Cauca, Colombia: Un territorio se teje con varias voces

17 junio, 2026 

Redactor

Por: Andrés Gómez. Fotografía: Manuel Ortiz. Terra360


Había aprendido a trabajar la tierra desde niña. Era fuerte y valiente, dicen quienes la conocieron. Soñaba con tener un pequeño pedazo de tierra y verlo florecer junto a su hija. Por eso, cuando Carmen Velazco Tombé recuerda a Flor Alba, no habla primero de política ni de disputas territoriales, habla de sueños truncados. Flor Alba Tombé Velazco murió el 21 de mayo de 2026 en La Ensillada, un páramo entre los resguardos Misak de Guambía y Nasa de Pitayó, en el Cauca colombiano, donde una disputa histórica por la tierra terminó enfrentando a dos pueblos indígenas hermanos. Ella tenía 28 años y dejó a su hija Lisbet al cuidado de su madre, quien todavía encuentra fuerzas evocando a aquella joven que soñaba con salir adelante.

Ella era agricultora, trabajaba en la agricultura. Ella era muy valiente para trabajar, en todo era valiente mi hija (…) Ella amaba mucho a la hija y los sueños [que] tenía para seguir adelante, y pues soñaba tener tierritas, recordó.


Carmen Velazco Tombé, madre de Flor Alba, 28 años, asesinada en el enfrentamiento entre las naciones Misak y Nasa. Foto: Manuel Ortiz
Carmen Velazco Tombé, madre de Flor Alba, 28 años, asesinada en el enfrentamiento entre las naciones Misak y Nasa. Foto: Manuel Ortiz

El 21 de mayo, el Cauca vivió una tragedia. Personas de las naciones Misak y Nasa se enfrentaron en el lugar conocido como La Ensillada. El motivo: la Agencia Nacional de Tierras (ANT) no consultó a las comunidades de ambos pueblos al «ordenar» el territorio en diciembre de 2023. Esto avivó disputas por la tierra y por espacios considerados sagrados, conformados por páramos y lagunas de alta montaña, y que ambos pueblos reclaman como suyos. 

Como resultado de las confrontaciones murieron ocho indígenas: cuatro Misak y cuatro Nasa. Los heridos superaron los 100 del lado Misak y 40 del lado Nasa.


Personas del pueblo misak en reunión con familiares de personas asesinadas en el enfrentamiento entre las naciones Misak y Nasa. Foto: Manuel Ortiz
Personas del pueblo misak en reunión con familiares de personas asesinadas en el enfrentamiento entre las naciones Misak y Nasa. Foto: Manuel Ortiz 

En la disputa, otra de las víctimas fue el líder Nasa Hernán Perdomo. El dolor que dejó su muerte quedó reflejado en las palabras del líder y exconsejero del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), José Condua, quien durante el velorio apenas encontraba palabras para explicar la ausencia.

«Nos queda más que decirle a la familia Perdomo mucha fuerza, mucha resistencia. No es fácil porque nuestras palabras como seres humanos no llenarán el vacío del mayor Hernán que ya no está aquí. Y tal vez hoy estemos en comunidad, pero después de sembrar a nuestro mayor, la familia tendrá que seguir con ese vacío y nosotros también aquí”, dijo.

María Inés Cuchillo Cuchillo, viuda de Jairo Rodrigo Tunbala Morales, asesinado el 21 de mayo de 2026 en el enfrentamiento entre los pueblos nasa y misak. 

El problema entre ambos pueblos data de tiempos coloniales, y la independencia y luego la Constitución de 1991 no ha concertado su resolución. Hoy, con la política de Gustavo Petro de profundizar la democracia mediante la formalización de la tierra en un país que nunca ha tenido una reforma agraria integral, se ha avivado una situación de la que el Estado debe aprender y actuar pronto. La volátil relación entre las naciones Misak y Nasa en el Cauca no es el único problema interétnico del país.

Un grupo de mujeres misak pasa frente al cementerio de Guambia. Foto: Manuel Ortiz 
Un grupo de mujeres misak pasa frente al cementerio de Guambia. Foto: Manuel Ortiz


Un Estado que sigue siendo sordo


El pueblo Misak reclama la propiedad sobre los páramos y lagunas en disputa, argumentando la preexistencia prehispánica en dichas tierras y una Cédula Real emitida por la colonia española en 1700. El pueblo Nasa, por otra parte, asegura que, en ese mismo siglo, se consolidó el cacicazgo de los cinco pueblos de don Juan Tama y que el páramo les pertenece.

Si bien la resolución de la ANT tensionó a ambas comunidades, ya existía un antecedente a principios de siglo.

La Resolución 007 de 2002, emitida por el antiguo Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora), durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, reestructuró y amplió el resguardo de Guambía (Misak), asignándole un área total de 19 mil 157 hectáreas. Entonces también hubo tensiones con el resguardo Nasa de Pitayó, pero el diálogo evitó la confrontación.

Alexander Tunubalá, indígena Misak, era estudiante de décimo grado y todavía recuerda aquellas asambleas.

Hubo autoridades del Cabildo (Cric) que eran muy entendidas, y recuerdo que ahí estuvieron los colegios; también había mucha gente Nasa, Misak también, profesores, también autoridades, explicó.

Alexander Tunubalá, indígena Misak. Foto: Manuel Ortiz
Alexander Tunubalá, indígena Misak. Foto: Manuel Ortiz

Veinticuatro años después, las tensiones no fueron abordadas de manera asertiva por los pueblos ni hubo intermediación efectiva del Estado. El gobierno, sin concertar con las comunidades y sus autoridades, emitió las resoluciones 202351011738346 y 202351011737246 de 2023 y la resolución 20245100600639 de 2024, que clarifican los títulos de las comunidades Nasa de Yaquivá, Pitayó y Mosoco.

Las resoluciones exaltaron los ánimos en ambas naciones indígenas, pero se aumentaron las tensiones con las declaraciones de la ANT del 11 de marzo de 2024, al no resolver el solapamiento de territorios, y si abrir campo a interpretaciones:

“El concepto de la Subdirección de Asuntos Étnicos y la Circular del director general de la Agencia señalan que en los terceros protegidos se incluye la propiedad colectiva ya formalizada del resguardo indígena de Guambía. En otras palabras, se reconoce la clarificación de los títulos de Mosoco, Pitayó y Yaquivá, pero al mismo tiempo se garantiza que la clarificación de esos títulos no puede, por sí sola, despojar o limitar el territorio de Guambía.”

El Estado habló, pero no logró escuchar. Las declaraciones dispararon la desconfianza y las comunidades Nasa del resguardo de Pitayó decidieron, en diciembre de 2025, crear un lindero con alambrado de poco más de 800 metros. Delimitaron su territorio, instalaron seis puestos de control y en el proceso, destruyeron cercos de familias Misak y ahuyentaron sus vacas.

Lo que siguió fue el inicio de acciones de ambos pueblos para hacer reaccionar a un Estado que no dimensionaba el problema.

Miguel Antonio Yalanda Calambas habla de esos días como quien recuerda una larga cadena de puertas cerradas:

Entonces, pues nosotros primero que todo nos salimos a la Panamericana… y entonces ahí también iba a hacer un diálogo… Y entonces, a la final, ya nos tocó que salir hasta Bogotá, hasta la cancillería.

Al igual que el pueblo Misak, el pueblo Nasa advirtió a entidades estatales sobre el riesgo de una desgracia; buscaron que el conflicto territorial se tramitara institucionalmente al realizar llamados públicos a la intervención de autoridades competentes, especialmente por el cierre de las vías, en mayo de 2026, que el pueblo Misak realizó entre los municipios de Jambaló, Páez y Silvia, afectando varias comunidades Nasa.

Así se llegó a la tragedia del 21 de mayo.

Lo que no debió pasar, sucedió

Miguel Antonio Yalanda Calambas contó a El Turbión y Terra360 que la comunidad de Guambía empezó a subir a las once de la noche hacia La Ensillada. Junto a él iban decenas de indígenas Misak preparados para desmontar el cerco que el pueblo Nasa había instalado.

Entre ellos estaba Jairo Tunubalá, una de las víctimas mortales.

«Vamos a defender lo nuestro porque nos están invadiendo, nos están sacando nuestro terreno porque esos terrenos eran de mi papá», dijo Jairo a su hermano antes de partir.

Caminaron cinco horas, y a las cuatro de la madrugada neutralizaron los seis puntos de control amarrando a los indígenas Nasa que estaban allí.

Pablo Pacho, gobernador Nasa de Pitayó revive aquella madrugada con una mezcla de rabia y cansancio:

A las 4 empezaron a caer en los puntos de control, amarraron a la gente, a golpeándola, dañaron las ollas, los trastes, todo. Porque en cada punto de control había su cocinita de hacer nuestros alimentos. Por ahí los estropearon, los amarraron.

Pablo Pacho, gobernador Nasa de Pitayó. Foto: Manuel Ortiz
Pablo Pacho, gobernador Nasa de Pitayó. Foto: Manuel Ortiz

Inmediatamente después, las personas Misak empezaron a desalambrar, y en una hora la cerca estaba destruida.

Pero el precio que pagaron ambos pueblos por no lograr el diálogo y pasar a las acciones fue muy alto.

A las 5:30 de la mañana, una hora y media después del desmonte de la cerca, llegaron decenas de personas del pueblo Nasa y comenzó la confrontación.

Alexander Tunubalá todavía recuerda el último intento por evitar la tragedia:

Incluso yo les dije (a personas Nasa): No, aquí nadie va a salir lastimado; ustedes tienen sus hijos, nosotros también tenemos nuestros hijos. Además, ustedes son mis hermanos, tienen otra sangre, pero pues en este conflicto tenemos que hacerlo de buena forma, no con pleitos, no con golpes. Entonces, llegaron a un acuerdo en el Punto Nuevo. Ahí nosotros entramos, pero no con violencia ni con grosería tampoco.

No fue suficiente. La catástrofe ya no pudo detenerse.

Del lado Misak, las comunidades de Guambia perdieron a Luis Enrique Tunubalá, Flor Alba Tombe, Jairo Rodrigo Tunubalá Morales, y a Luis Enrique Tunubalá Fernández. Por su parte, el pueblo Nasa tuvo que despedir a: Wilmar Darío Caña Imbachi, Albeiro Dizu, Alonso Chaguendo y Hernán Perdomo.

La confrontación se prolongó por toda la mañana y hubo personas retenidas. Cruz Elena Osa todavía se estremece al recordar las horas que pasó en Pitayó.

Nos llevaron obligados en contra de nuestra voluntad, algunos fueron llevados, los amarraron para llevarlos allá algunos les obligaron quitarse el calzado … constantemente nos decían que si que si mataban sus comuneros, a nosotros también nos maltratarían allá.

Luis Enrique Tunubalá, del pueblo Misak. Foto: Manuel Ortiz

La intermediación humanitaria de la Alcaldía Municipal de Silvia, la Defensoría del Pueblo, la Personería, la ONU, y la Iglesia Católica permitió el regreso a sus comunidades. Pero las heridas siguen abiertas.

El pueblo Misak reporta más de 100 personas malheridas, muchas de bala; y el pueblo Nasa también denuncia que tiene más de cuarenta lastimados graves por golpes de piedra y machete.

Las heridas de bala preocupan. Varios testimonios aseguran que en las horas de la tarde se escucharon disparos de pistolas, fusiles y ametralladoras. Y es necesario atender el análisis del Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana sobre la influencia de las disidencias de las antiguas guerrillas de las Farc-ep, el bloque Dagoberto Ramos:

La presencia de actores armados ilegales afecta y condiciona los ejercicios de gobierno y territorialidad de los pueblos en el territorio.

Un integrante del pueblo Nasa, custodia el territorio en disputa entre los resguardos de Guambia y Pitayo. Foto: Manuel Ortiz

Tramitando el dolor

José Condua, en el velorio del líder Hernán Perdomo, fue claro sobre el dolor en ambas naciones indígenas:

Aquí no hay vencidos ni vencedores. Aquí hay dolor, aquí hay tristeza, aquí hay impotencia. Por eso aquí hay que reconocer que hoy hay dolor en la comunidad de Pitayó; pero que también allá [en la nación Misak] hay familias que también tienen el dolor y, como Pitayó, lo reconocemos.

Personas del pueblo Nasa viajan en camión hacia la entrada del resguardo de Pitayo para recibir el cuerpo sin vida del líder Hernán Perdomo. Foto: Manuel Ortiz
Personas del pueblo Nasa viajan en camión hacia la entrada del resguardo de Pitayo para recibir el cuerpo sin vida del líder Hernán Perdomo. Foto: Manuel Ortiz
Velorio del líder Nasa, Hernán Perdomo. Foto: Manuel Ortiz
Velorio del líder Nasa, Hernán Perdomo. Foto: Manuel Ortiz
Velorio del líder Nasa, Hernán Perdomo. Foto: Manuel Ortiz

El conflicto continúa latente; sin embargo, en ambos pueblos hay líderes que insisten en el diálogo. José Condua es uno de ellos y no solo pide concertación entre los pueblos, sino mediación del Estado como requisito:

Los mensajes que debemos dejar serán mensajes de unidad y de llamado al diálogo y que la institucionalidad le ponga cuidado a este problema. Si en medio de dos que están peleando no hay una comisión que sea garante del diálogo, pues va a ser muy difícil acercarnos, y menos con dolor, y menos con rabia y odio, porque somos seres humanos y tenemos que sentir todo eso, pero también tendremos que buscar la sabiduría para dialogar.

Crepúsculo  en el resguardo  de Pitayó. Foto: Manuel Ortiz
Crepúsculo en el resguardo de Pitayó. Foto: Manuel Ortiz

Liliana Pechené, gobernadora Misak de Guambía, también está convencida de que la violencia puede desescalar, pero exige al Estado que se haga una reforma agraria concertada y llama a que ambos pueblos se unan en torno a esa demanda:

Algo que nos trataron o nos han enseñado nuestros padres, nuestros abuelos, nuestras madres es que debemos seguir recuperando tierras, o sea, debemos hacer la reforma agraria. Y esa es la invitación que hacemos (…) Entonces, yo creo que esa es como la tarea y la responsabilidad que tenemos porque no hay otro camino. No solamente es posible una alianza con los Nasa. Incluso eso no es un tema nuevo. Nuestras autoridades han recuperado tierras junto con el pueblo Nasa.

No se puede profundizar la democracia sin concertar

Las acciones de compra de tierras y formalización de predios muestran la buena voluntad del gobierno, pero la inexperiencia como Estado para concertar problemas territoriales interétnicos en medio de la operación de grupos armados ilegales es notoria, y reflejan décadas de guerra y pocos años de construcción de paz. Además, hacen clara la necesidad de profundizar la paz como proyecto político de nación, y afinar la infraestructura estatal para concertar conflictos interétnicos cuando asigna territorios.

El gobierno de Gustavo Petro, a través de la Agencia Nacional de Tierras, gestionó más de 700 mil hectáreas para acceso a tierra y se formalizaron cerca de 1.8 millones de hectáreas, a la par que se constituyeron 133 nuevos resguardos indígenas y se entregaron 105 títulos colectivos para comunidades afrodescendientes. Esto, en un país donde la concentración de la tierra ha sido una de las raíces más profundas de la desigualdad y el conflicto armado, es un alivio para comunidades excluidas, pero también se cometen errores.

En Colombia, solo un 1% de propietarios concentra el 45% de la tierra rural, y el 62.2% ocupa el 4.2% de tierras cultivables. Entre este 62% de personas con poca tierra están los pueblos indígenas Misak y Nasa, quienes en Cauca no tienen mucha tierra cultivable o apta para ganado, y las familias crecen.

El gobierno ha querido formalizar tierra, pero sin escuchar, y no solo ha sido sordo respecto a “ordenar” el territorio sin concertar, también ha sido torpe para mediar luego de la tragedia; eso lo expresó José Condua:

Como ustedes vieron el día miércoles cuando vino la primera delegación del gobierno, qué respuestas tan mediocres y uno intentando mediar en la mitad. La institucionalidad nos ha dejado solos.

El presidente Gustavo Petro llamó al diálogo después del duelo en ambos resguardos y en sus declaraciones reconoce que el problema de fondo son las tierras: «la base del conflicto es la escasez de la tierra fértil en las montañas del Cauca ante el crecimiento de la población indígena», y al igual que el Instituto de Estudios Culturales de la Universidad Javeriana, el presidente Petro advierte que en los conflictos étnicos las mafias predan, refiriéndose al Bloque Dagoberto Ramos:

Alguna vez advertí de las guerras interétnicas que pueden incluso ser usadas por grupos armados del narcotráfico para agudizarse.

Personal del ejército fue desplegado al municipio de Silvia para evitar más confrontaciones entre los pueblos Misak y Nasa. Foto: Manuel Ortiz
Personal del ejército fue desplegado al municipio de Silvia para evitar más confrontaciones entre los pueblos Misak y Nasa. Foto: Manuel Ortiz

Aparte de las declaraciones, hasta ahora, un mes después de la tragedia, la única intercesión del gobierno ha sido la de militarizar. Hoy hay más de 500 soldados en medio de ambas poblaciones, y eso ha traído respuestas en forma de hostigamiento por parte de la Dagoberto Ramos, lo que crea temor de confrontaciones con la fuerza pública. Además, las personas Misak y Nasa tienen prevención hacia la fuerza pública por los crímenes que cometieron las FF.MM. en épocas pasadas, cuando civiles inocentes fueron disfrazados de guerrilleros muertos en combate.

Diálogo, una responsabilidad compartida

Caminando por el lugar donde ocurrió la confrontación, José Condua vuelve una y otra vez a la misma idea:

Es mejor un mal arreglo que una guerra perfecta.

La frase resume el desafío que enfrentan ambos pueblos.

Liliana Pechené, propone a ambos pueblos reflexionar sobre la vocación de poder político de los pueblos indígenas, y cuál es la propuesta de país que envían al no manejar las dificultades:

Históricamente también hay desconfianzas y yo creo que es hora de dejar esas desconfianzas y de ponernos serios porque para gobernar este país tenemos que ponernos muy serios. Y estos muertos que hay en estos días, esos asesinados que tenemos acá internamente deben ser la enseñanza. Aquí nunca más debe volver a pasar eso, porque si a futuro vuelve nuevamente a pasar eso, entonces sería muy triste, porque ¿qué tipo de país estamos proponiendo?

Indígenas del pueblo Misaki dialogan sobre las posibles soluciones al conflicto, cerca de donde fue el enfrentamiento. Foto Manuel Ortiz
Indígenas del pueblo Misak dialogan sobre las posibles soluciones al conflicto, cerca de donde fue el enfrentamiento. Foto Manuel Ortiz
Indígenas del pueblo Nasa recorren el lugar donde fue el enfrentamiento. Foto Manuel Ortiz 

José Condua y otros líderes proponen que el páramo sea reserva forestal y que se haga reforma agraria para que las familias Misak no tengan que hacer potrero en el páramo. No está equivocado frente a la necesidad de tierras del pueblo Misak, aunque Cruz Elena Osa no ve esta propuesta viable:

Ellos (Nasa) [tienen] la propuesta del cabildo de Pitayo [que] es poner este espacio, donde se produjeron los enfrentamientos, como reserva para que se vuelva a monte, lo cual para nosotros no es viable, porque tenemos 250 familias que dependen de lo que producen allá, de lo que trabajan allá.

Aunque no parezca, ambas posiciones están más cerca de lo que parece: la reforma agraria como garantía de prosperidad para las comunidades indígenas rurales.

Manta colgada en la entrada de la escuela en el resguardo de Guambia. Foto: Manuel Ortiz
Manta colgada en la entrada de la escuela en el resguardo de Guambia. Foto: Manuel Ortiz

Tener tierras cultivables para sacar adelante a la familia era el sueño de Flor Alba; y, al final, su muerte y la de otros siete indígenas muestran que la ausencia de una reforma agraria integral y concertada sigue cobrando costos humanos y ecológicos en Colombia. Porque el territorio no se ordena con resoluciones. El territorio se teje con varias voces.


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