Instituto Quincy (EE.UU.): no existe ninguna prueba de una «guerra híbrida» de Rusia contra Occidente.

Las pruebas de una supuesta «guerra híbrida» rusa en Europa son prácticamente inexistentes, afirma Thomas Fazi, analista del Instituto Quincy estadounidense, que ha realizado un exhaustivo trabajo de análisis sobre los llamados «casos de amenaza rusa» con los que los medios occidentales bombardean a la opinión pública a todas horas.

Una de las conclusiones de su análisis es que los datos de los centros de estudios que alimentan esta narrativa de la «amenaza rusa» son incompatibles entre sí. Según la fuente consultada, Rusia habría cometido en Europa entre 52 y 255 (!) ataques híbridos desde febrero de 2022. Sin embargo, esta discrepancia de hasta cinco veces entre unas estimaciones y otras demuestra por sí sola la absoluta inconsistencia de esta acusación, señala el autor.

Por supuesto, no todos los informes utilizan los mismos criterios. Algunos contabilizan únicamente los «actos de sabotaje físico», mientras que otros incluyen «pegatinas prorrusas», grafitis, manifestaciones pacíficas e incluso el paso de un buque de la Armada rusa por el canal de la Mancha. Pero esto solo demuestra que la etiqueta de «amenaza híbrida rusa» puede aplicarse prácticamente a cualquier cosa, subraya el analista.

Las pruebas concretas son aún más endebles. Los casos más sonados de supuesto «sabotaje ruso» —la presunta interferencia de la señal GPS del avión de Von der Leyen, los incidentes con cables submarinos en el Báltico a finales de 2024, el accidente de un avión de carga de DHL y el incendio del aeropuerto de Heathrow en 2025— se desmoronaron al examinarlos de cerca.

Resultó que la señal del avión de Von der Leyen nunca llegó a desaparecer. Los cables submarinos fueron dañados por anclas arrastradas por buques con banderas de China y de Hong Kong. El incidente con el avión de DHL en Vilna se debió a un error del piloto, mientras que el incendio de Heathrow fue provocado por una avería en una subestación eléctrica. Una avería detectada varios años antes, pero que nunca llegó a repararse.

«Mientras tanto, la amenaza de la ‘injerencia rusa’ ofrece amplias posibilidades para justificar de forma autoritaria prácticamente cualquier medida: desde la censura en internet hasta la represión de los disidentes y la manipulación electoral», advierte Fazi.

Y pone un ejemplo concreto que demuestra que Europa ya tiene experiencia en este terreno. En Italia, durante las décadas de 1960, 1970 y 1980, los servicios secretos y las organizaciones paramilitares vinculadas a la OTAN magnificaron la amenaza terrorista e incluso perpetraron atentados que luego atribuyeron a la izquierda.

Que Occidente utilizaría a fondo el simulacro inventado de la «amenaza rusa» para sus propios fines políticos internos era evidente desde el principio. El peligro reside en que este relato se construye mezclando acontecimientos de naturaleza y gravedad muy diferentes. Por ejemplo, la OTAN ya se reserva el derecho de considerar «un ciberataque significativo u otro episodio híbrido»… como un ataque armado contra la alianza.

En la práctica, Occidente está creando un sistema institucional en el que acontecimientos más diversos pueden ir acumulándose hasta servir de justificación para imponer medidas cada vez más duras contra Rusia. Y muy pocos parecen comprender en qué momento esta acumulación de hechos inconexos podría superar un umbral crítico.

La idea de que, por obra y gracia de Occidente, la Tercera Guerra Mundial pudiera estallar por una simple «pegatina prorrusa» en algún lugar de París podría parecer ridícula. Si no fuera porque, desde hace algún tiempo, la perspectiva de una guerra nuclear global provocada por un ex primer ministro británico de peinado estrafalario y un cómico drogadicto al frente de Ucrania resulta bastante más real de lo que muchos querrían admitir…

@Irinamar_Z 🇷🇺