ILICH RAMÍREZ SÁNCHEZ: 77 AÑOS DE VIDA, 32 AÑOS DE PRISIÓN Y DEMASIADOS AÑOS DE SILENCIO

MÁS QUE UN CUMPLEAÑOS, UN LLAMADO A LA CONCIENCIA, A LA REFLEXIÓN Y A LA AUTOCRÍTICA

Este 12 de octubre se cumplen 77 años del nacimiento del venezolano Ilich Ramírez Sánchez, conocido internacionalmente como el comandante Carlos.

No escribo estas líneas para celebrar simplemente un cumpleaños. Las escribo desde la preocupación, desde la memoria y desde la necesidad de sacudir conciencias.

Ilich, quien vinculó su trayectoria militante a la causa palestina y al internacionalismo revolucionario, lleva 32 largos años privado de libertad en Francia, donde cumple tres condenas a cadena perpetua.

Su historia ha generado profundas controversias y sus condenas responden a delitos de extrema gravedad. Pero ninguna sentencia, por severa que sea, elimina los derechos fundamentales de una persona.

Hoy quiero llamar la atención sobre una situación que considero profundamente preocupante: su estado de salud.

Según la información que he recibido, Ilich ha permanecido hospitalizado durante los últimos dos meses, en medio de un preocupante deterioro físico y mental. Esta información requiere una confirmación médica y jurídica actualizada, pero su gravedad nos obliga a exigir respuestas.

¿Vamos a esperar que llegue la noticia de su muerte para comenzar a preguntarnos qué pudimos haber hecho?

Durante años, Ilich manifestó su interés en acogerse a los mecanismos internacionales que permiten solicitar el traslado de personas condenadas a su país de origen.

Me refiero particularmente al Convenio de Estrasburgo sobre Traslado de Personas Condenadas, de 1983, que establece procedimientos de cooperación entre Estados para estudiar estas solicitudes.

Según las explicaciones atribuidas a autoridades francesas, la falta de determinadas gestiones por parte del Estado venezolano habría obstaculizado esa posibilidad.

Si esto es así, tenemos derecho a preguntar:

¿Por qué no se realizaron esas gestiones? ¿Qué obstáculos jurídicos, diplomáticos o políticos han existido? ¿Quién puede explicar lo ocurrido? ¿Por qué no se ha informado públicamente sobre las posibilidades reales de traslado?

No pretendo formular acusaciones sin pruebas. Pero tampoco considero aceptable que una situación humana de esta magnitud permanezca sin explicaciones.

Y aquí viene la parte más dolorosa de esta reflexión.

¿DÓNDE ESTÁ LA SOLIDARIDAD?

¿Dónde están quienes durante décadas levantaron las banderas del internacionalismo?

¿Dónde están las voces que antes denunciaban las condiciones de encarcelamiento de Ilich?

¿Por qué quienes conocen su situación actual no han logrado convertir esa preocupación en una iniciativa humanitaria pública y sostenida?

La solidaridad no puede depender de las conveniencias políticas del momento. Tampoco puede convertirse en una consigna que repetimos cuando resulta fácil y abandonamos cuando aparecen las dificultades.

La autocrítica es indispensable. Y me incluyo en ella.

¿Hemos hecho realmente todo lo que estaba a nuestro alcance?

También debemos escuchar al propio Ilich.

Según la información que he recibido, su prolongada decepción y las circunstancias políticas actuales lo han llevado a perder el interés que anteriormente manifestó por regresar a Venezuela.

Si esa es hoy su voluntad, debe ser escuchada y respetada.

Entonces surge una nueva pregunta:

¿QUÉ ALTERNATIVAS HUMANITARIAS EXISTEN EN FRANCIA?

¿Puede solicitarse una medida de suspensión o adaptación de la pena por razones médicas? ¿Existe alguna posibilidad legal de arresto domiciliario, bajo las condiciones que establezcan las autoridades judiciales francesas? ¿Puede obtenerse una evaluación médica independiente que permita determinar si su estado de salud es compatible con el régimen penitenciario actual?

Estas son preguntas concretas que requieren la intervención de abogados, médicos y organismos competentes.

No estamos hablando de borrar condenas ni de desconocer el sufrimiento de las víctimas. Estamos hablando del derecho a la salud, a la dignidad y al trato humano que corresponde a toda persona privada de libertad.

A los 77 años, después de 32 años de encarcelamiento, la dimensión humanitaria de este caso merece una atención seria y urgente.

Por eso considero necesario solicitar públicamente a las autoridades francesas información y garantías sobre su atención médica; a las autoridades venezolanas, una explicación sobre las gestiones realizadas o pendientes; y a quienes se identifican con la solidaridad internacional, que abandonen la indiferencia y promuevan iniciativas humanitarias concretas.

NO PIDAMOS MAÑANA, FRENTE A UNA TUMBA, LO QUE HOY NO FUIMOS CAPACES DE EXIGIR FRENTE A UNA CÁRCEL.

Que estos 77 años no sean una celebración vacía.

Que sean una oportunidad para la reflexión, la autocrítica, la solidaridad y la acción humanitaria.

Que nadie confunda el silencio con la prudencia ni la indiferencia con la responsabilidad.

La historia de Ilich será juzgada desde distintas perspectivas. Pero su derecho a recibir atención médica y un trato digno no debería depender de ninguna de ellas.

¡NO DEJEMOS EN EL OLVIDO A ILICH RAMÍREZ SÁNCHEZ!

¡QUE NO TENGAMOS QUE LAMENTAR SU MUERTE EN PRISIÓN SIN HABER AGOTADO ANTES TODAS LAS VÍAS HUMANITARIAS Y LEGALES!

José Cheo Sánchez
Uppsala, Suecia
Octubre de 2026