PROHIBIDO OLVIDAR

Pierre Golman. Foto Les Introcks

Pierre Goldman no era un exiliado más. Su sola presencia generaba discusiones encendidas, debates que cruzaban lo ideológico, lo ético y lo personal. El caso que lo había llevado al centro de la atención pública en Francia era más que un juicio: era una radiografía de toda una época. En 1975, fue acusado de asesinato tras un atraco fallido en el que murieron dos farmacéuticas en París. Aunque él reconocía haber cometido otros robos por causas políticas, negaba tajantemente su implicación en ese crimen. Pero en el juicio, lo de menos parecía ser su culpabilidad o inocencia. Lo que se estaba juzgando, en el fondo, era al militante, al intelectual incómodo, al símbolo de las derivas revolucionarias que habían sacudido Francia desde el Mayo del 68.

Aquel proceso —convertido en un espectáculo mediático— intentó reducir su compleja personalidad a la de un chivo expiatorio. Era la forma que encontró el sistema para escarmentar a una generación entera que había desafiado las estructuras tradicionales del poder. Goldman, con su estilo provocador, su lucidez analítica y su historia cruzada de lucha y marginalidad, se convirtió en la encarnación del miedo burgués a la revolución. Y por eso mismo, también fue una figura admirada por muchos jóvenes, intelectuales y artistas de izquierda que vieron en él a un mártir en potencia.

Aquí, entre nosotros, su llegada junto a Baltazar Ojeda Negretti causó revuelo. No tanto por su fama internacional, sino por la intensidad de su mirada, por su forma de hablar, siempre al filo del abismo, como si cada palabra llevara el peso de alguien que había visto demasiado. Algunos lo escuchaban con admiración, otros con escepticismo, pero nadie quedaba indiferente.

Pierre Goldman: El internacionalista rebelde de los años setenta

Pierre Goldman nació el 22 de junio de 1944 en Lyon, en el seno de una familia marcada por la resistencia y la tragedia. Sus padres, judíos polacos, huyeron del antisemitismo y la persecución nazi para refugiarse en Francia, donde participaron activamente en la lucha contra la ocupación alemana. Esa herencia de combate y sacrificio caló hondo en Pierre, quien en sus propias palabras confesó: “Yo nací en la sombra, viví en la sombra y durante tiempo mi deseo fue que no me arrancasen de la sombra donde me encuentro”. Soñaba con una guerra civil antifascista, con un verdadero retorno de la historia y la lucha, a la altura de sus padres.

En los años sesenta y setenta, Goldman se convirtió en una figura emblemática de la izquierda radical europea, una estrella de choque que buscaba hacer la revolución con una R mayúscula, antes de que la militancia derivara en el gangsterismo, como señala el historiador Ivan Jablonka. Su compromiso lo llevó a viajar a Cuba y Venezuela, donde se vinculó con movimientos guerrilleros y revolucionarios, antes de regresar a Francia, donde su destino dio un giro oscuro.

En la noche del 19 de diciembre de 1969, se produjo un atraco violento en una farmacia cerca de la plaza de la Bastilla en París, donde murieron dos farmacéuticas, Simone Delaunay y Jeanne Aubert, y resultaron heridos un cliente y un ex policía que intentó detener al agresor. Goldman fue detenido y acusado de varios delitos, incluido este asesinato, aunque él siempre negó su participación en los hechos. El juicio que siguió se convirtió en un espectáculo mediático que intentó transformar al militante incómodo en cabeza de turco de las tensiones sociales post mayo del 68, dejando la cuestión de su culpabilidad en un segundo plano.

Asesinado en 1979 en París, la vida de Pierre Goldman sigue siendo un símbolo de la pasión, la contradicción y la tragedia de una época en que la lucha por transformar el mundo podía costar siempre la vida.

Pierre Goldman fue asesinado a los 35 años, en 1979, por los disparos de tres hombres en una plaza del distrito 13 de París. La autoría de su muerte fue reivindicada por una organización llamada Honor de la Policía y, años después, también por un ex mercenario de extrema derecha. Su asesinato quedó envuelto en el misterio y la violencia política que marcó aquellos tiempos convulsos.

Su funeral, celebrado en el cementerio Père Lachaise de París, reunió entre 12.000 y 15.000 personas, una multitud que acudió a rendir homenaje a un hombre que, con todas sus contradicciones, se había convertido en un símbolo de la lucha y la resistencia. Entre los asistentes estuvieron figuras emblemáticas de la izquierda intelectual francesa, como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, quienes reconocieron en Goldman a un mártir de su generación.

La vida y muerte de Pierre Goldman reflejan la complejidad y el dramatismo de una época en que la lucha política atravesaba todos los aspectos de la existencia, dejando cicatrices profundas en la historia de Europa y en la memoria colectiva de quienes, desde la trinchera del exilio o la militancia, buscaban cambiar el mundo.