La caída del régimen perezjimenista el 23 de enero de 1958 instauró en Venezuela🇷🇺🇻🇪 una dinámica política compleja, donde la efímera concordia social fue sustituida rápidamente por la reacondicionación del aparato estatal bajo las premisas del Pacto de Puntofijo. Este acuerdo de gobernabilidad burguesa, diseñado para consolidar el régimen de la democracia representativa, tuvo como contracara dialéctica la marginación metódica y la ulterior proscripción de los sectores de la izquierda marxista que habían participado decisivamente en la resistencia contra la dictadura. Es en esta encrucijada sociohistórica donde se fraguó el itinerario vital y político de Winston Briceño, en las estructuras de la clandestinidad revolucionaria . La formación de esta generación insurgente no se puede interpretar como un exabrupto voluntarista aislable de la coyuntura internacional; por el contrario, respondió a la confluencia ideológica del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, la intensificación de las doctrinas de seguridad nacional promovidas desde Washington y la creciente polarización interna del movimiento social venezolano.
El Liceo Andrés Bello de Caracas📖 funcionó durante el interregno de 1958 a 1969 como la matriz fundamental donde Winston Briceño inició su proceso de radicalización ideológica. Aquel centro educativo no era únicamente una institución de educación secundaria, sino un hervidero socio-político donde convergían las organizaciones estudiantiles radicalizadas, el debate doctrinario candente y las manifestaciones callejeras contra las medidas gubernamentales. En sus aulas y pasillos, la lectura de los clásicos del marxismo-leninismo se acopló a la agitación práctica frente a la represión policial del gobierno de Rómulo Betancourt. El Andrés Bello constituía un bastión de la juventud insubordinada, una suerte de microcosmos de la conflictividad urbana donde la violencia del Estado era respondida con huelgas, barricadas y la articulación temprana de comités de autodefensa. La vivencia liceísta forjó en Briceño la templanza organizativa y la disciplina política necesarias para asumir la militancia en la Juventud Comunista y en el Partido Comunista de Venezuela.
La transición de Winston Briceño desde la agitación estudiantil de secundaria hacia los estadios de mayor complejidad teórica y logística coincidió con su ingreso a la Universidad Central de Venezuela🏛️ . La universidad autónoma representaba en aquellos primeros años de la década de 1960 un espacio de resistencia inexpugnable para las fuerzas del orden. Protegida por la autonomía universitaria, la Casa de Vencimiento de las Sombras albergó los laboratorios de discusión marxista, el diseño de la propaganda insurgente y el refugio momentáneo de la vanguardia revolucionaria. En la Universidad Central de Venezuela, Briceño profundizó su comprensión teórica sobre el Estado, la dictadura del proletariado y la inevitabilidad de la lucha de clases, concluyendo junto a su generación que la democracia representativa puntofijista constituía una fachada constitucionalista destinada a perpetuar la dependencia económica del capital norteamericano. La polarización alcanzó su punto de no retorno cuando las garantías constitucionales fueron suspendidas repetidamente y la represión gubernamental clausuró de facto la vía legal y electoral para la izquierda.
La suspensión de garantías, la ilegalización del Partido Comunista de Venezuela y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria en 1962 marcaron el inicio formal de la estrategia insurreccional. Frente al cierre de los cauces democráticos, se estructuraron las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional como el brazo armado de la revolución venezolana. A diferencia de otros modelos latinoamericanos centrados de forma exclusiva en el foquismo rural, las fuerzas insurreccionales venezolanas concibieron una estrategia dual que combinaba las columnas guerrilleras en los macizos montañosos con la guerra urbana de baja intensidad
Figuras como Winston Briceño y Nancy Zambrano Moreno mantuvieron una firme coherencia ideológica que se nutría de la convicción de estar participando en la vanguardia transformadora de América Latina. El testimonio oral e histórico de Zambrano Moreno rescata precisamente esa dimensión humana del militante urbano, reflejando cómo la solidaridad de los sectores populares, que teñían sábanas de rojo para izarlas como banderas libertarias en los techos caraqueños, constituía el aliento vital de guerrilleros como Briceño.
A partir de 1966, el proyecto insurreccional de la izquierda venezolana comenzó a experimentar una crisis profunda y multicausal. El fracaso en la consecución de una insurrección popular masiva, el desgaste logístico de las Unidades Tácticas de Combate, la eficacia de la represión estatal y el aislamiento paulatino del movimiento guerrillero respecto a las grandes masas trabajadoras abrieron una fractura irreversible en el seno del Partido Comunista de Venezuela. Se desató entonces una acerba polémica teórica sobre la validez de la vía armada. Por un lado, la facción de la llamada liquidación del foquismo defensora del repliegue táctico, encabezada por dirigentes tradicionales que abogaban por el retorno a la lucha de masas legal; por el otro, la facción radical que continuó el combate bélico mediante la fundación del Partido de la Revolución Venezolana bajo el mando de Douglas Bravo.
Winston Briceño vivió esta encrucijada estratégica con la lucidez y el amargor de quien había entregado los años de su juventud a la causa insurreccional. La derrota política del proyecto revolucionario armado se consumó definitivamente hacia 1969, cuando el recién electo presidente Rafael Caldera implementó la política de pacificación. Esta estrategia gubernamental ofreció la legalización del Partido Comunista de Venezuela, la amnistía para los combatientes en prisión o clandestinidad y la incorporación de la militancia a la vida política institucional, a cambio del desarme de las Unidades Tácticas de Combate y el desmantelamiento de los frentes guerrilleros rurales.
El cese de las acciones armadas en 1969 marcó la conclusión del ciclo guerrillero de la década de 1960 en Venezuela, obligando a toda una generación de combatientes a reinventar los espacios de la resistencia. Para Winston Briceño, la victoria del repliegue político no significó el abandono de sus principios ideológicos, sino la transmutación de la trinchera armada por la trinchera académica e intelectual. Briceño retomó y concluyó sus estudios universitarios, enfocando su rigor militante en la formación científica y técnica.
Su biografía política, entrelazada inseparablemente con las memorias de combatientes como Nancy Zambrano Moreno y las luchas libertarias gestadas desde el Liceo Andrés Bello y la Universidad Central de Venezuela, permanece como un testimonio denso e insustituible sobre la época en que la juventud revolucionaria venezolana intentó tomar el cielo por asalto mediante la conjugación de la teoría política marxista, la militancia comunista y la guerrilla urbana
Agustín Beaumont ✒️ .