14/07/2026
Precursor de la Independencia hispanoamericana y el gran memorialista de su época
El 14 de julio de 1816, hace 210, murió Francisco de Miranda en el presidio La Carraca de Cádiz (España). El autor de la monumental obra Colombeia constituye, junto con el Libertador Simón Bolívar, el binomio de venezolanos universales, por la resonancia de sus hechos y legado escrito.
Héroe de cuatro contiendas
Nacido en Caracas en 1750, y cuando aún la generación que debía conducir la Guerra de Independencia de Venezuela no terminaba de ver su primera luz, ya Miranda alcanzaba celebridad al frente de tropas en el norte de África, sirviendo a España; en Pensacola (Norteamérica), a favor de la Independencia de Estados Unidos; y, en defensa de la Revolución Francesa, al frente de divisiones del Ejército del Norte y, en 1811 defendiendo la I República, se le nombraría Generalísimo de las tropas que dieron cara al realista Domingo de Monteverde.
Peregrino y perseguido
Ante los prejuicios de castas de la sociedad colonial, que negaban a su hijo el derecho a integrar el cuerpo de milicias de Caracas por ser ‘hijo de un comerciante y una panadera’, don Sebastián de Miranda decide en 1770 enviar a su hijo Francisco a la Península, para hacer carrera militar. Sin embargo, a sus 27 años Miranda fue denunciado por sus opiniones y debió escapar de la posesión española de Cuba a EEUU, para librarse de la orden real de detención y el proceso de la Inquisición, que le acusaba de propalar herejías.
En su peregrinar por Europa será recibido con benevolencia por monarcas ilustrados, sabios y grandes artistas de la época.
Hombre de acción y biblioteca
La riesgosa presencia como hombre de acción y oficial de ejércitos en varios continentes, muestra la imagen más difundida del fáustico caraqueño, por cuanto apenas con adentrarse el lector dentro de la vida del personaje, descubrirá cómo afloran rasgos del inquieto hurgador en las páginas de los libros y recopilador de conocimientos y examinador del medio físico y el carácter de las personas en los distintos ámbitos por donde le toca transitar.
Se trata del memorialista, Francisco de Miranda, quien en cada sitio por donde pasaba recogía información, datos curiosos y de interés acerca del modo de organizarse el Estado, el trazado de aceras y colocación de monumentos, costumbres de los habitantes y, de modo muy especial, el registro de información respecto a las bibliotecas. Y que ha de enhebrar en las páginas de su Archivo de 63 volúmenes.
Es del siguiente modo como Lautico García se refiere a Miranda “En el caso de las bibliotecas, la conducta de Miranda era especial”.
El gran memorialista
“En cada uno de los lugares pedía noticia, para luego examinarlas. Llegó a visitar 34 bibliotecas principales, unas públicas, otras particulares, en conventos, palacios y residencias que, en conjunto tenían dos millones ciento 33 mil volúmenes” [En: Tomás Polanco Alcántara, Miranda].
Al respecto es útil recordar una expresión de Daniel Florencio O’Leary, inserta en algún pasaje de sus Narraciones “sus batallas más grandes fueron libradas con su pluma”.
Dígase hoy que, tanto, pero tantísimo escribió el Precursor sobre los sitios visitados, y con tal gracia, que la Unesco “le reconoce a finales del siglo XX, como ‘el gran memorialista de su época’”.
Grandes concepciones
En los apuntes de Miranda se encuentran observaciones sobre educación, la mujer; las reformas penales de Césare Beccaría (De los delitos y de las penas). Miranda fue el primero en concebir los términos “Colombia” y “colombianos”, y “Colombeia” e “Incanato”, para la gran nación que desde el río Mississippi hasta Cabo de Hornos, debía surgir de las colonias españolas una vez lograda la independencia -con proyectos elaborados de las instituciones que debían funcionar en el futuro gran Estado. Tales ideas prendieron en figuras como Simón Bolívar y José de San Martín.
Última etapa
Tras fracasar en sus expediciones libertadoras de 1806 sobre costas de Coro y Ocumare con sus naves el Bacchus y el Leander Miranda regresa a Londres, de donde hará su viaje definitivo, en 1810, a Caracas.
Al año siguiente será figura central en la declaración de la Independencia de Venezuela, asumiendo el Poder Ejecutivo, en circunstancia insostenible frente a la reacción española contra la I República.
Detenido la noche del 30 de julio de 1812 por patriotas exaltados, cae en manos de los españoles la madrugada siguiente. Luego de ser trasladado de La Guaira a Puerto Cabello, y de aquí a Puerto Rico, fue finalmente remitido a Cádiz, donde se le recluye en el penal de las Cuatro Torres (arsenal de La Carraca).
Allí, mientras preparaba su fuga con ayuda de amigos ingleses, muere de un ataque de apoplejía a sus 66 años.
Sinópticos
1789
Pueblo de París asaltó la Bastilla
Este día se produjo la acción desencadenante del ciclo conocido como la Revolución Francesa. La toma de la Bastilla descubrió el inmenso poder de la movilización y agitación de calle, que se mantendría por los siguientes años, hasta 1799.
1811
1ra izada Oficial del Pabellón Tricolor
Este día se enarbola por primera vez en forma oficial el tricolor patrio, en acto encabezado por Francisco de Miranda y los dos hijos de José María España, mártir de la causa emancipadora.
1941
Lanzacohetes “Katiuska”
Este día, a tres semanas de haberse iniciado la Operación Barbarroja -nombre de la invasión alemana a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que comenzó el 22 de junio de ese mismo año-, el Ejército Rojo der la URSS utilizó por primera vez el lanzacohetes BM-13, cuya evolución técnica ha producido versiones más contemporáneas como el BM-27 y BM-30. Katiuska fue el arma de mayor potencia destructiva e impacto psicológico desplegada por el Ejército Rojo, en el curso de la II Guerra Mundial.
1936
La consigna “Sembrar el Petróleo’
El 14 de julio de 1936, Arturo Uslar Pietri escribió su editorial titulado “Sembrar el petróleo”, durante la transición de la Venezuela Agraria a la Petrolera. Por entonces el país desconocía el potente influjo del modelo uni-rentista de los hidrocarburos sobre los hábitos de consumo y desmesurado anclaje a la importación de bienes, en detrimento de la producción endógena.
El autor es historiador, docente y abogado