Discurso de Fidel en Buenos Aires, memoria que perdura (+Fotos +Video)

Buenos Aires (Prensa Latina) El líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, visitó Argentina en cuatro ocasiones, y de ellas la más memorable, que dejó huellas en miles de argentinos, fue en mayo de 2003.

  • julio 17, 2026

Por:

Martin Hacthoun

Corresponsal jefe en Argentina

Del 25 al 27 de ese mes, el dirigente cubano estuvo en Buenos Aires para asistir a la ceremonia de asunción presidencial de Néstor Kirchner. También acompañaron los dignatarios de Venezuela, Hugo Chávez, y de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; comenzaban tiempos en una Latinoamérica sobre la que soplaban vientos de integración.

La presencia del dirigente cubano no fue una estancia protocolar más. Su visita anterior a Buenos Aires se remontaba a 44 años atrás, en época del presidente Arturo Frondisi con quien se reunió, la cual fue muy popular también. Regresó a Argentina en 1995 aunque a la patagónica San Carlos de Bariloche para participar en la V Cumbre Iberoamericana.

Pero en esta de mayo de 2003, la tercera, se rompieron patrones durante aquellas tres breves e intensas jornadas.

LO IMPREVISTO

El evento más destacado ocurrió el 26 de mayo cuando el líder cubano tenía previsto hablar en un acto oficial a las 19:00 hora local en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Los organizadores previeron un encuentro con 800 personas, entre estudiantes, autoridades universitarias e integrantes de organismos de Derechos Humanos. Sin embargo, el plan original se vio rápidamente desbordado por el arribo espontáneo de miles y miles de personas, que deseaban estar cerca del invitado de honor.

La avalancha humana que acudió a verlo rompió toda la organización planificada; Fidel con ese olfato de pueblo insistió en que no se iría sin hablar, y en medio de gran desprolijo se pensó en la escalinata de la emblemática institución en el barrio de Recoleta, compartieron con Prensa Latina varios los protagonistas de aquellos momentos.

El público continuó arribando y ocupaba la amplia Avenida Figueroa Alcorta y los parques circundantes. Con una asombrosa predisposición de la concurrencia, los organizadores pudieron acondicionar el escenario sobre la explanada exterior del edificio, donde ya se encontraban presentes unos 30 mil espectadores, que, con el paso de las horas llegaron a ser 50 mil, según las crónicas.

Cerca de las 21:00 hora local, y luego de una larga espera en una fría noche del otoño austral, Fidel Castro apareció sobre lo alto de la escalinata, rodeado por un tumultuoso grupo compuesto por personal de seguridad, autoridades universitarias, militantes y periodistas. Comenzaron a escucharse “Vivas” a Cuba y a Fidel.

Esa noche se alteró por completo el protocolo y los planes de la seguridad propia y local; resultó una agitación para los organizadores; la multitud que lo aclamaba desbordó toda previsión. Fue un acontecimiento histórico: por primera vez un líder extranjero -y no cualquier líder- pronunciaba un discurso público de tal magnitud.

Fue una alocución de casi dos horas y media que la masa, principalmente de jóvenes, escuchó atenta, agradeció y ovacionó. Tal parecía que los concurrentes no querían que Fidel terminara.

Antes de iniciar el discurso Fidel observaba y escuchaba los cánticos del público que exclamaban “¡¿Qué tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él?!”. El mandatario cubano respondió: “Los tenemos a ustedes”.

A continuación, visiblemente emocionado, no pudo evitar explicar los avatares del acto y el proyecto original: “He vivido algunos años, pero nunca ni siquiera imaginé un acto tan azaroso y tan increíblemente emocionante como éste (…) Yo podría hacer una crítica -no a ustedes- a nuestros compañeros y decirles: ustedes subestimaron al pueblo argentino (…), no se imaginaban lo capaz que es la multitud de organizarse… (…) Jamás olvidaré lo que ustedes hicieron esta noche (…)”, elogió a la multitud que le respondió con una ovación.

LOS PROTAGONISTAS, EL PUEBLO

Han transcurrido 23 años desde el día en que Fidel pronunció un discurso público a los argentinos, recuerda David Esteban quien señala que eran tiempos en los cuales “los pueblos estaban decididos a dejar atrás los años de gobiernos neoliberales, de endeudamientos y recetas de libre comercio impuestas por Washington. En ese contexto de resistencia, la voz por una Latinoamérica unida se levantaba con fuerza”, cuenta quien hoy es un emprendedor transportista.

“Para nuestra generación, participar de esa jornada era un orgullo inmenso”, rememora el miembro del Comité Central y del Secretariado del Partido Comunista Argentino (PCA), a solicitud de Prensa Latina.

“Muchos de nosotros nos habíamos sumado a las filas de la Federación de la Juventud Comunista inspirados por Fidel y por la heroica lucha del pueblo cubano; una Revolución que derrocó a la tiranía de Batista y que resistía dignamente los años de un bloqueo feroz y la isla lograba salir del duro Período Especial”, añade.

La militancia comunista -continúa- fue convocada para garantizar las tareas organizativas. Sin embargo, el Aula Magna quedó desbordada. Por la aglomeración hubo ventanales rotos por quienes querían ver y escuchar al Comandante.

“Decenas de miles de argentinas y argentinos comenzaron a colmar las inmediaciones y las escalinatas de la facultad, ante la magnitud de la convocatoria; todos con un único deseo: escuchar a Fidel”.

Allí pronunció –exalta Esteban- uno de los discursos más trascendentales para la militancia y la historia latinoamericana; fue un ejemplo de osadía, un llamado vibrante a que los pueblos luchen por su definitiva liberación, que quedó grabado para siempre en nuestras memorias.

El fotorreportero Pablo Piovano, quien cubrió el evento para el diario Página 12, relató que “no podía irme; estaba encantado por la manera de expresarse de Fidel; fue imponente tenerlo tan cerca; quería escucharlo, verlo; era una oportunidad única. Del periódico me llamaban reiterativamente para que me regresara con el material.

“Eran tiempos en que las cámaras eran de rollos y había que revelar, y la noticia era para portada. Después de una última llamada muy fuerte, decidí partir, pero son imágenes que perduran en mi mente”, resume Piovano.

Para Leonardo Ariel Giugovaz, “fue un día de gran emoción. Fidel representaba todo lo que yo creía que debía ser un revolucionario y ese día no solo lo confirmó sino que me lo demostró mucho más”.

Relata que viajó con algunos amigos con varias horas de anticipación a la Facultad de Derecho. “Sabíamos perfectamente que iba a ser casi imposible entrar al salón pero teníamos la ilusión de estar. No teníamos idea de cómo se desarrollaría la actividad, pero la emoción era tal que estábamos convencidos que podríamos ingresar. Nos ilusionaba ver al Comandante”.

En un momento -prosigue- la multitud era enorme; trascendió que superaba las 30 mil almas. Pasó la hora del comienzo; notaron que había un movimiento inesperado y se supo para gran entusiasmo de todos, la decisión de que Fidel hablaría a la multitud ansiosa desde la escalinata.

“La alegría, la emoción y el calor de todos los que estábamos ahí no la puedo comparar con nada. Un mar de gente que unía generaciones sin discriminar en ideologías. Más de una vez estuve al borde del llanto. Fidel nos habló del Che y su calidad de médico y revolucionario, como ser humano, de la importancia de la salud y la solidaridad internacionalista de los pueblos, de la educación en Cuba, de la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina), de los avances médicos pese al imperdonable bloqueo y de que el pueblo cubano nunca se rendiría frente al imperio”, recuenta el bibliotecario.

Sergio Ortiz, hoy comentarista político cordobés y vicesecretario del Partido de la Liberación, fue otro de los que estuvo en lo que describe como histórica “esa jornada del 26 de mayo de 2003”.

Ortiz ya tenía la experiencia de la visita de Fidel a Bariloche para asistir a la V Cumbre Iberoamericana, la cual cubrió como periodista para el diario La Arena, dijo a Prensa Latina. Y también escribió para ese diario de La Pampa cuando el dirigente cubano estuvo en Córdoba en julio de 2006, invitado a la Cumbre de Presidentes del Mercosur.

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En cuanto a su visita en 2003, recuerda que el embajador de Cuba le envió una invitación para asistir a la esperada charla en el Aula Magna de esa facultad.

“Yo le dije que iba a ir muchísima gente y que allí no cabría. Él me respondió que estaba previsto poner algunos televisores para los que estuvieran afuera de la sala. Fueron millares y el acto terminó afuera de la institución, con el líder hablando a esa enorme cantidad de argentinos que lo ovacionaba”.

“Para mí lo mejor fue cuando, sobre el final, fulminó al ícono del neoliberalismo proimperialista, Carlos Menem, claro que sin dar nombre y apellido, pero se entendió perfectamente.

“El orador señaló: ‘Lo peor de la globalización neoliberal es que el símbolo por excelencia…’ Y sin mencionar nombre continuó: ‘Nadie puede quejarse, a no ser que alguien se sienta símbolo de lo que digo. Mi opinión es que una de las cosas extraordinarias es que el símbolo de la globalización neoliberal ha recibido un colosal golpe’. La multitud tronó en aplausos y exclamaciones”.

“Por eso mismo hoy a la militancia popular de Argentina le daría vergüenza si Fidel nos preguntara: ¿Qué les pasó, queridos amigos, que tienen de nuevo a un ícono aún peor del neoliberalismo, el colonialismo, el sionismo y el imperialismo? Y como yo no tengo que respetar las normas de la diplomacia como hizo aquel grande en 2003, le pongo nombre y apellido al monstruo: Javier Milei”, concluye el comentarista político, quien es uno de los principales activistas del Grupo Mil por Cuba en Córdoba.

Favio Basteiro, quien fuera el secretario general de la Central de Trabajadores de Argentina Capital, comparte con Prensa Latina que estuvo implicado como líder sindical en los criterios organizativos con otras organizaciones del campo popular.

“Llegado el momento, la cantidad de compañeros que querían ver y escuchar a Fidel desbordó todas las posibilidades que teníamos como para realizarlo dentro de la propia facultad”, puntualiza Basteiro, trabajador de Aerolíneas Argentinas, escritor de artículos y libros sobre política aerocomercial y soberanía aérea.

“Lógico que después de tantos años de haber estado en Buenos Aires, en la época de la década del 60, provocó una inquietud y una necesidad de poder estimular la unidad del campo popular y tratar de ir construyendo alternativas superadoras”, explica y agrega:
“Fue una llegada oportuna y comenzó a gestarse lo que sería no sólo la resistencia que habíamos generado en la década del 90, sino la construcción de una ofensiva para decirle no al ALCA, y esto me parece que fue determinante, la claridad y el trabajo que se desarrolló por parte del movimiento popular latinoamericano, y Fidel hizo su aporte desde la escalinata de la Facultad de Derecho”.

Para el secretario adjunto del Sindicato de Agentes de Propaganda Médica, Ricardo Peidro, “aquel acto se ve ahora tan lejos en el tiempo, pero a la vez está tan cerca en el recuerdo y en la posibilidad de seguir insistiendo en la construcción de unidad popular para la construcción de instrumentos que puedan ponerle freno al neoliberalismo en la región”.

Peidro quien es un visitador médico narra para Prensa Latina que “haber estado ese día en la Facultad de Derecho, desde lo personal fue muy impactante, como lo fue también para los miles de militantes que formamos parte de esa multitud. En primer lugar, por lo que representaba Fidel para todos nosotros. Y segundo, también porque se abría en la Argentina un período en el cual teníamos muchas expectativas para comenzar a construir esa sociedad que soñaron tantas generaciones de argentinos y argentinas”.

“Observábamos a Fidel en esas escalinatas con la emoción, a veces que hasta nos impedía en determinados momentos escucharlo por la emoción que nos embargaba a todos. Una frase de sus frases que aún hoy la llevo en el corazón fue cuando dijo que los sueños de hoy serán la realidad del mañana”.

LAS CUATRO VISITAS DE FIDEL A ARGENTINA

Fidel Castro estuvo cuatro veces en Argentina, sin embargo, nunca como visita oficial de Estado, aunque probablemente sus dos más recordadas son las de 1959, durante la presidencia de Arturo Frondizi, y la de 2003, cuando acompañó la asunción de Néstor Kirchner a la Presidencia.

La primera fue apenas cuatro meses después del triunfo de la Revolución; Cuba entonces era parte de la OEA, y el 1 de mayo de 1959 Fidel pisó Buenos Aires, y al día siguiente habló durante 90 minutos ante la Comisión de los 21 de la organización hemisférica en el noveno piso de la Secretaría de Industria. En ese encuentro nacería el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Pasarían 36 años hasta la segunda visita en octubre de 1995, cuando llegó a Bariloche para participar de la V Cumbre Iberoamericana, que congregó a una treintena de mandatarios. Estuvo alojado en el hotel Llao Llao donde se reunió con el entonces presidente Carlos Menem, quien varias veces se declaró amigo de él, recogen artículos de la época.

El tercer viaje, el más recordado por su contundente discurso en la Facultad de Derecho de la UBA fue en 2003, para la jura de Néstor Kirchner el 25 de mayo. Al día siguiente, el visitante tuvo una jornada muy activa. Primero fue a la Plaza San Martín para homenajear al Libertador, después a El Rosedal, para hacer lo mismo ante el busto de José Martí y más tarde almorzó con unos 200 invitados en el hotel Four Seasons.

Finalmente, invitado a cerrar un encuentro de estudiantes en la Facultad de Derecho, pensado inicialmente en un auditorio para 800 personas, el acto debió trasladarse a las afueras, donde se concentraban unos 30 mil asistentes, que llegaron a ser 50 mil después.

Allí, lanzó entre otras una idea que todavía sigue liderando proyectos populares, sociales y humanitarios: “Ha tomado fuerza esa frase: un mundo mejor es posible; pero cuando se haya alcanzado un mundo mejor, que es posible, tenemos que seguir repitiendo: un mundo mejor es posible”, sostuvo.

La última visita es recordada también porque fue la última actividad internacional del “Comandante”, como muchos argentinos aún lo recuerdan. En julio de 2006 llegó a Córdoba para la Cumbre del Mercosur.

Además de los actos protocolares, Fidel y el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, hablaron ante unas 40 mil personas en el cierre de la llamada Cumbre de los Pueblos, en un descampado de la Universidad de Córdoba.

También acompañado por Chávez, visitó en Ata Gracia -a casi 40 kilómetros de la capital cordobesa- el museo montado en la que fue la casa de la infancia de Ernesto Guevara. Esa misma noche, el líder cubano regresó a La Habana. Ya no volvería a dejar la isla.

arb/mh