Para los (y las) imbéciles que desconocen la verdadera historia del asesino Raúl Leoni


Por: José Sant Roz 

  1. Raúl Leoni nació en el Manteco, Estado Bolívar, el 26 de abril de 1905. Sus primeros estudios los hizo en Upata y el Bachillerato entre Ciudad Bolívar y Caracas. La carrera de Derecho la inicia en la U.C.V., y el 25 de febrero de 1928 nos lo encontramos como Presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela. Un poco antes, el 25 de enero de 1928, es cuando aflora en él todo su interés por la acción política.
  2. Al nacer, lo habían inscrito en el Consulado Francés de Ciudad de Bolívar, es decir propiamente no era venezolano. Y él mismo llegó a dudar mucho el hacerse venezolano. Como su padre era francés le costaba cambiar su «progenitura» por un Pata-en-el suelo; es decir por un Juan Bimba adeco, que todavía no los teníamos formalmente instituidos. Pero en 1923, la Legación Francesa lo citó para que cumpliese el servicio militar en su «verdadera patria», entonces sostuvo que de momento se sentía miembro de la tierra de Bolívar.
  3. Cuando sucedieron los temblores carnavalescos de 1928, y Leoni fue amonestado por la policía por veleidades políticas, temiendo que se le castigara con 60 libras de grillos en los tobillos, corrió al Ministerio de Relaciones Exteriores y solicitó tramitar su pasaporte francés; en vista de los alborotos estudiantiles, al tiempo que hacía estos trámites, la Legación francesa ya le había dado el visto bueno para que hiciera sus gestiones ante el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela. Buscaba Raúl, desesperadamente, su salvoconducto para pasar a la Guaira y tomar el barco Pellerin de Latouche.
  4. El embajador de Francia lo reclamó al dictador Juan Vicente Gómez y el despacho del Ministerio de Relaciones Exteriores contestó, que no debían intervenir en este asunto, y que lamentaban que alguien que se llamase «venezolano» hubiese «querido renegar de su nacionalidad para acogerse a otra, siendo tanto más extraño el caso por tratarse de un joven versado en leyes y que como Presidente de la Federación de Estudiantes había encabezado la agitación política que luego se referiría en que tanto alarde se hizo de patriotismo.»
  5. Para que no quede rastro duda de lo que arriba refiero, transcribo textualmente el oficio que envía don P. Itriago Chacín al señor Ministro de Relaciones Exteriores, relativo a la nacionalidad del señor Leoni.

DOCUMENTOS 153 – Nacionalidad del Señor Raúl Leoni.

Estados Unidos de Venezuela – Ministerio de Relaciones Exteriores – Dirección de Política Internacional.

No. 648. – Caracas; 25 de abril de 1928

Señor Ministro:

Tengo el honor de comunicar a V. E., con relación a su atenta nota número 32, del 16 del corriente mes, que el Ministerio de Relaciones Interiores manifiesta al de mi cargo que el Ciudadano Raúl Leoni, nacido en Upata, Distrito Piar, del Estado Bolívar, es venezolano al tenor de lo dispuesto en el Artículo 28 de la Constitución Nacional. Y si a la luz de la legislación de Francia el señor Raúl Leone posee también la nacionalidad francesa, esta circunstancia no podría, en territorio de Venezuela, prevalecer sobre la nacionalidad venezolana.

En tal virtud, y descontada desde luego, la decidida buena voluntad con que el gobierno de Venezuela desea satisfacer en la medida de lo posible cualquier solicitud de la delegación de Francia, al digno cargo de V. E., esa razón de principio impide dar a lo pedido por vuestra excelencia la consideración especial a que habría lugar si Leoni poseyese sólo la nacionalidad francesa.

Válgome de la oportunidad para reiterar a V. E., las seguridades de mi alta consideración. P. Itriago Chacín.

  1. Como Leoni no pudo hacerse francés, trató entonces de adquirir la nacionalidad norteamericana. Viajó a Washington con el propósito de conocer el movimiento de inmigración gringo: entonces Norteamérica era un hervidero de italianos (y corsos) como él en busca de fortuna. En medio de aquel enjambre de desgraciados, don Raúl sintió algún desamparo. Conoce a una venezolana, cuya familia ha servido a fervorosamente a Gómez, y entonces descubre que su fortuna ya se ha realizado y que estos papeles se pueden arreglar en cualquier otro momento, sobre todo si se tiene capital y poder: se casa. Por lo que, de momento, opta por hacerse neogranadino, estableciéndose en Bogotá (donde se gradúa de abogado). Posteriormente se traslada a Barranquilla, donde junto con su padre regenta una venta de frutas. Allí se entera de la existencia de Germán Candelario Arciniegas, y queda deslumbrado, y se hacen santanderista.
  2. Así sería el miedo que ciertos fantoches estudiantes de la llamada generación del 28 (como Leoni) le tenían a Gómez, que para presentar un parapeto de protesta lo hacen durante unos cursis juegos forales: la carnavalesca Semana del Estudiante. En esos actos, habla el pichón de abogado, Rómulo Betancourt. Nos encontramos entre los días que van del 6 al 12 de febrero de 1928. Mediante un plebiscito, porque se está loco por ejercer el voto, se elige a una reina, y un grupo se encarga de elaborar un programa para los actos profanos. En estas puerilidades Leoni firma un decreto donde se hace constar la importancia de estos actos. Desde entonces Venezuela contaría entre sus más meritorias acciones políticas, la de elegir reinas.
  3. Fue así, como ya para finales del siglo XX, nos llegamos a convertir la nación en el mundo con la mayor producción mises. Elegida la reina, como acto político, la rodearon Raúl Leoni, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, Juan Oropeza, lo que denota, que si íbamos a quedar bajo la férula de estos hombres, y de estas memeces políticas, al país le esperaban desgracias infinitas, muchos culebrones y sobrados chulos y torcidos, disfrazados de luchadores sociales.
  4. A la provincia llegaba poca información de la capital y para completar el analfabetismo era pavoroso. Betancourt aprovecharía esto, para hacerse una imagen de héroe a su gusto, que difundirían los agentes viajeros de las casas comerciales Blohm y Boulton: él y Leoni aparecían como los más valientes de la generación 28. Porque vienen los acontecimientos del Cuartel San Carlos: Contaban que a Leoni por poco lo matan cuando saltó una tapia del Cuartel perseguido por 40 soldados que le disparaban por la espalda. Betancourt dejaba que aquellos inventos corrieran libremente con el cuento de que entró al Cuartel a sangre y fuego y que se le «inflamó el hombro derecho» de tanto disparar. De ser estas historias ciertas, esto no quería decir otra cosa sino que el gobierno de Gómez era uno de los más suave de América Latina, porque en verdad a Betancourt sólo se le retuvo por unas horas en un puesto de policía y a Leoni no se le hizo absolutamente nada.
  5. Cuando se echan las columnas, bases y paramentos del partido Acción Democrática, quien aparece como fundador es Raúl Leoni, y entre los primeros integrantes (y más importantes) se cuentan a Andrés Eloy Blanco, simpático y fino humorista. A Gallegos lo fueron a buscar y él se dejó llevar, para que formara parte de este nuevo partido. A principios de junio de 1945 junto con el médico Edmundo Fernández comenzaron los preparativos de la conspiración contra Isaías Medina Angarita. Ya para entonces Raúl Leoni era venezolano de pura de cepa y estaba en los intríngulis del Golpe. El 6 de junio en casa del doctor Fernández se reunieron el mayor Marcos Pérez Jiménez y los tenientes Martín Márquez Añez, Francisco Gutiérrez y Horacio López Conde.
  6. El Golpe ya se tenía planeado en junio de 1945, es decir que la pantomima de Betancourt y Raúl Leoni, el 3 de julio de ese mismos año, visitando a Diógenes Escalante en Washington para proponerle la presidencia de la República es toda una farsa, pues lo que se buscaba era aprobación de la CIA para trabajar coordinadamente de acuerdo con los intereses de la compañías petroleras. En principio querían hacer del señor Escalante una especie de Kerenski, porque Betancourt le dice a don Diógenes que ellos (los adecos) rechazan de momento cualquier colaboración ministerial. El viejo Escalante sonriente les replica: «Es decir, que ustedes se situarán en un burladero a ver cómo se desempeña el torero en el ruedo.»
  7. No hubo tal Revolución de Octubre sino un vulgar Golpe. Lo único que quiso mostrar AD como revolucionario fue lo de la instauración del Jurado de Responsabilidad Civil Administrativa, para condenar y meter preso a los corruptos. Quisieron dársela, los adecos, de ser los verdugos de los «corruptos», y terminaron ellos siendo los padres, abuelos, padrinos y bisabuelos de todas las tribus judiciales que desacreditaron internacionalmente nuestra justicia, los creadores de ese sindicalismo dirigidos por multimillonarios patas en el suelo, que luego destrozaron la educación y la salud y que nos hundieron en esas malditas deudas (internas y externas) que hoy son nuestras maldiciones supremas. Por este Tribunal hicieron discurrir del modo vengativo a los más encapotados gomecistas. Humillaron con expropiaciones y llamándoles ladrones a personajes como Medina Angarita, López Contreras, Arturo Uslar Pietri, Rafael Simón Urbina, Ignacio Arcaya, y muchos otros. En cambio, Raúl Leoni hizo lo imposible para que en el barullo de estos procesos no se cogiera a don Juan Fernando Amparan, quien había sido presidente de Estado cuando Gómez, pero que a la vez era su suegro. Él no podía ser reo de peculado, por más bandido y ladrón que fuese. Recuérdese que entonces Betancourt no dejaba de decir que no había ningún ciudadano más puro y honrado que un adeco, y ya don Juan Fernando lo era.
  8. Algo de la vitalidad y de la viveza criolla debió heredar la esposa de Leoni, doña Menca, hija de don Juan Fernando: éste era hombre alebrestado, amante de las peleas de gallo, visitador de garitos y cantinas, que conocía muy de cerca las muertes por armas blancas y negras, y su propio hermano Pedro recibió una dosis de balas gomecistas por haber estado comprometido en un alzamiento.
  9. Después de Golpe de Octubre, para premiar a Leoni lo nombran Ministro del Trabajo, y más tarde el mismo Rómulo Gallegos lo ratifica en el cargo. Le sobreviene una fiebre por viajar. Pasa por la Habana, Nueva York, Washington, Costa Rica, Bolivia, Perú… Nunca tuvo que ver con la resistencia contra Pérez Jiménez, pero eso sí, cuando vuelve a Venezuela, después de 1958, aparece como Vicepresidente de AD. Después sale electo Senador y lo convierten en Presidente del Congreso, y finalmente colma su ambición última haciéndolo presidente de la República.

El gobierno más criminal de la «Democracia» venezolana

Existen monstruos en política que se caracterizan por su frialdad, por su patética paranoia en hacer desaparecer a sus enemigos como Rafael Leonidas Trujillo; pero Leoni fue (y es) llamado por todos los adecos como el «Hombre bueno». Un hombre que daba esa apariencia de bonachón, sencillote y común. En el fondo era más monstruoso que el mismo Rafael Leonidas Trujillo porque carecía de voluntad y pensamiento propios para hacer absolutamente nada. Con el gobierno él consideró que se ganaba un premio que se lo tenía merecido desde que participó en el Golpe contra Medina. Llegó, se instaló en Miraflores y comenzó a firmar como un oficinista cualquiera órdenes para asesinar dirigentes de izquierda. Le daba una importancia extraordinaria a los asuntos del protocolo. Le preguntaba a su Secretario que le diera la señal para avanzar o retroceder según los cánones del formalismo oficial. La nulidad de las nulidades. No quería escuchar problemas sino resultados positivos de su acción represiva de gobierno. Miraflores se inundó de momias, como el mismo jefe mayor, y como nunca se vieron tantos adulantes, hipócritas y fariseos.

Si había presos, muertos por torturas, desaparecidos, el «bueno» de Leoni, exclamaba, engullendo arepas, caraotas negras y morcillas carupaneras: «Así son todos los gobiernos. Ahí está la historia de la dictadura de Bolívar.»

En realidad, no existía gobierno alguno, y todo funcionaba por la inercia impuesta por los militares sometidos a los mandatos de Washington, como había sido desde Gómez. Cada vez que le lleven a Betancourt la información de alguna barbaridad cometida por el ex corso, éste dirá sonreído y fatigado: «Ah, el pobre Raúl.»

Por otro lado, Leoni no sabía hablar, era lerdo y para todo tenía la mimética exclamación de: «¡carajo!», a flor de labio. Lo que salía de sus labios era precisamente lo que no estaba pensando. Una de las personas que se convirtió en acérrimo defensor de Leoni y que no permitía que en su presencia sus compañeros se burlaran de él, fue el doctor Rafael Caldera. El máximo mandamás socialcristiano no perdía entonces la esperanza de ser en un futuro muy cercano, el candidato que unificara las aspiraciones de AD y COPEI. Un día llegó a increpar a Luis Herrera, a Rodolfo José Cárdenas y a Edecio La Riva Araujo con estas palabras: «Ese señor se merece que lo respetemos y que además le tengamos todo el agradecimiento de que somos capaces; porque si él no fuera tan pendejo como se dice, ustedes no serían lo que hoy son.»

El abúlico presidente Leoni no hallaba qué hacer con el extraordinario premio de la lotería que había caído del cielo. Su gabinete decidió de modo extraoficial arreglarle la finca que era de la familia de su esposa, de doña Menca. Allí podría el presidente pasar con entera tranquilidad los fines de semanas. Aquella hacienda era Puedpa, cuyo propietario había sido como sabemos el gomecista, Presidente de Estado, don Juan Fernando Amparan. Puedpa convirtióse en el centro vacacional preferido del presidente. Allí iban los ministros a rendir cuenta y a entregar informes sobre el funcionamiento de sus despachos. Los ricos y magnates, junto con diplomáticos también, consideraron conveniente cumplir con el debido respeto al presidente por sus favores, y solicitaron a través de terceros (o primeros) hacerle una visita de cortesía al primer mandatario, con el fin único de llevarle algún presente, algún obsequio. Doña Menca deliraba con estos presentes fabulosos, delicados, exóticos y costosísimos.

Como es de suponerse, ya no era suficiente el espacio reservado para el aterrizaje del avión del presidente. Había que construir un aeropuerto en la hacienda Puedpa, y a ello se entregó sin escatimar esfuerzos ni recursos el Ministerio de Obras Públicas. En pocos días este aeropuerto quedó enlazado con una espectacular carretera que llevaba hasta la estancia presidencial; vía que quedó unida a los troncales nacionales, y para lo cual fue necesario represar vertientes y deforestar bosques. Para que aquello pareciese un idílico paraíso se desviaron ramales de los grandes ríos para que pasasen por un lado de la fastuosa hacienda. Los peladeros pronto quedaron cubiertos con nuevos árboles, y en las adyacencias a la residencia se hicieron un paseo, un parque, establos, lagunas, caballerizas y fuentes. Los visitantes por estos lugares podían apreciar pardas suizas, toros padrotes, soberbios toros cebúes, caballos peruanos. Allí sin duda ninguna, y tal cual lo deseaban Gonzalo Barrios y Betancourt, la democracia se estaba consolidando; dando pruebas de progreso y vitalidad.

La línea Aerospostal, cuyo presidente era Ramón Granadillo comenzó a tener pérdidas graves por la gran cantidad de familiares y amigos que tenía que transportar gratuitamente hasta Puedpa. Esto no sólo lo sabía Betancourt sino que lo estimulaba. Después de todo así funcionaba el sistema capitalista y no se podía andar con pendejadas con la gente que aporta para el desarrollo. Hasta para hacer más interesante la estancia de los visitantes, se le metió a la hacienda un tigre que devoró varias reses, lo que constituyó una emocionante ocasión para organizar un safari bajo la dirección de Leopoldo Sucre Figuerella (el experto visitante al Africa, y cuya casa estaba adornada con cabezas de rinocerontes, cebras, jirafas y leones). En fin esta es una historia larga que está en mi libro «Diccionario de Farsantes de Venezuela». Leoni, que llegó a ser Masón en grado 33 (o 45, no se sabe a ciencia cierta) murió en Nueva York el 5 de julio de 1972.

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