La guerra con Irán se cobra en la gasolinera, y el 3 de noviembre los votantes estadounidenses le recordarán la cuenta al Gobierno que la empezó. Foto: EFE
18 de octubre de 2026 Hora: 20:25
A 16 días de las elecciones de medio término, Trump marca su peor aprobación en dos mandatos. La guerra con Irán encareció el combustible y la canasta alimentaria, los millennials se alejaron de él más rápido y una parte de su base piensa quedarse en casa.
Donald Trump no aparece en ninguna boleta del 3 de noviembre, aunque buena parte del electorado estadounidense irá a votar pensando en él.
La encuesta nacional publicada este domingo 18, levantada entre el 9 y el 13 de octubre, ubica su aprobación en 33%, la más baja que midió esa serie en sus dos mandatos. Dos de cada tres adultos desaprueban su gestión, el 52% con fuerza, luego de que en abril y en julio el mismo sondeo mostrara en 37% la aprobación.
El sondeo preguntó también si el próximo Congreso debería frenar al presidente o acompañar su agenda. El 58% prefirió un Congreso demócrata que le sirva de contrapeso, contra 39% que quiere uno republicano alineado con la Casa Blanca. Esa distancia casi duplica la de hace un año. Ningún partido llama referéndum a estos comicios, pero la respuesta los acerca a uno.

Para la Cámara de Representantes, los demócratas aventajan a los republicanos por 52% contra 44% entre votantes probables. Entre los registrados, la diferencia se mantiene en ocho puntos; en julio era de tres.
Otras mediciones coinciden. Una consulta anterior de Ipsos lo dejó en 32% en septiembre, y Pew Research Center lo ubicó en 30% a comienzos de octubre. El deterioro se profundizó después de febrero, cuando comenzó la guerra con Irán.

De Ormuz al tanque de gasolina
Estados Unidos e Israel empezaron a bombardear Irán el 28 de febrero. El galón de gasolina regular costaba 2.98 dólares de promedio, según AAA. A fines de marzo pasó los 4 USD por primera vez desde 2022 y cada nueva ronda de ataques lo empujó de vuelta hacia arriba. El 1 de octubre, el galón marcó 4.41.
Con esos precios, llenar un tanque de 15 galones cuesta unos 21 dólares más que antes de la guerra.

Por el estrecho de Ormuz pasa cerca de una quinta parte del petróleo que consume el mundo. Según el índice oficial de precios de septiembre, los precios al consumidor subieron 3.7% en un año, la energía 20.4 % y la gasolina 34.2%, mientras que la inflación que excluye alimentos y energía quedó en 2.6%. Hoy, el 65% de los estadounidenses creen que atacar a Irán fue un error.
Teherán declaró cerrado el estrecho en marzo y lo ratificó varias veces. En octubre, el jefe de Estado Mayor del Ejército iraní, el contraalmirante Habibollah Sayyari, reiteró ante la agencia oficial IRNA que el paso sigue cerrado y que todo tránsito debe coordinarse con las Fuerzas Armadas, y atribuyó al cierre el alza de la gasolina en Estados Unidos.
Washington sostiene lo contrario. El 7 de octubre, el secretario de Estado Marco Rubio afirmó que el estrecho «está abierto», que el petróleo fluye como antes del conflicto y que Irán perdió el control del paso.
Pero la Casa Blanca no logra responder por qué, si el petróleo fluye en barcos por Ormuz, sigue su tendencia al alza el combustible en las gasolineras de EE.UU. y los precios son hoy casi 50% más altos que en febrero (cuando la vía marítima que da acceso al golfo Pérsico sí estaba abierta y no había restricción alguna). Las rutas por tierra tampoco reemplazan al estrecho. Antes de la guerra, la EIA calculaba que los oleoductos saudí y emiratí que esquivan Ormuz tenían apenas unos 2.6 millones de barriles diarios de capacidad libre para desviar crudo, frente a los 20 millones que cruzaban el estrecho.
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Diez días después, el vicepresidente JD Vance dejó a la vista otra cara del mismo Gobierno. «Reconozco que los precios de la gasolina están demasiado altos en este momento», dijo el sábado por la noche en un foro televisado con votantes. Ante la pregunta de por qué la guerra no terminó con una victoria clara, sostuvo que, «en cierto sentido», Washington ganó «de manera contundente», aunque «el enemigo también tiene voz». Y repitió que Irán, «el mayor Estado patrocinador del terrorismo en el mundo», no puede tener un arma nuclear.
En plena campaña, la receta que circula en Washington mira hacia otro lado. En una encuesta a mil votantes probables a comienzos de octubre, cuatro de cada cinco aceptaron que producir más energía en el país puede ayudar a abaratar la vida, y el 67% respalda actualizar las leyes federales de permisos, en una pregunta que anunciaba como objetivo «reducir demoras y costos». Es la misma reforma que la industria petrolera presenta como la llave de la asequibilidad.
La agencia de energía del propio Gobierno aporta el dato que falta, porque Estados Unidos es desde 2018 el mayor productor de crudo del mundo y este año rondará un récord de 13.7 millones de barriles diarios, mientras el 84% del crudo que cruzaba Ormuz tenía como destino Asia. Con ese bombeo en máximos, la gasolina subió 48% desde que empezaron los bombardeos. El crudo se cotiza en un mercado global, y las subas de este año siguieron el calendario de la guerra, no el de los permisos.
El encarecimiento alcanzó a buena parte del mundo, y las economías latinoamericanas que importan derivados cargaron con esa presión sin haber tenido voz en la decisión de ir a la guerra. Para esos países, la pelea por los permisos en Washington queda lejos; el precio de su diésel depende de lo que ocurra en Ormuz. Cuánto margen tenga Washington para sostener la guerra sin control legislativo también se decide el 3 de noviembre.
Para las familias latinoamericanas que viven en Estados Unidos, la cara más visible del segundo mandato es la política migratoria. Al comienzo, la aprobaba la mitad del país; ahora, la rechaza cerca del 60%, y el 56% opina que las deportaciones fueron demasiado lejos, ocho puntos más que en abril de 2025. En el reciente foro televisado con votantes, Vance admitió que su retórica sobre los inmigrantes fue «imperfecta» y asumió la culpa. Su objetivo, aseguró, no es deshumanizarlos. «De hecho, quiero mucho a varios inmigrantes», agregó.
Una economía con la camiseta partidaria
La aprobación económica del presidente cayó a 28%, el registro más bajo de sus dos mandatos. El 48% siente que está peor que cuando Trump regresó a la Casa Blanca en 2025, el valor más alto que esa serie recoge desde 1986, y por primera vez en más de una década los votantes registrados confían más en los demócratas para manejar la economía (40%) contra 33% que se inclinan por los republicanos. Antes del medio término de 2022, la misma serie les daba a los republicanos una ventaja de dos dígitos en ese terreno.
Con Joe Biden en la presidencia, aquel año el juicio económico de cada partido era el inverso del actual, casi punto por punto, y los independientes marcaron 16% en las dos mediciones.

Ese votante sin camiseta partidaria se mueve por el bolsillo. En la encuesta de octubre a votantes probables, el 37% dijo que definirá su voto para el Congreso según lo que cada candidato proponga sobre el costo de vida, más del doble del 15% que antepone la inmigración, una de las banderas centrales de la campaña de Trump en 2024. Esa prioridad la comparten el 43% de los demócratas, el 36% de los independientes y el 32% de los republicanos.
Entre quienes se declaran más pobres que en 2025, el 78% se inclina por los demócratas, y el 71% de los independientes de ese grupo hace lo mismo.
La generación que más rápido se alejó
Los millennials, nacidos entre 1981 y 1996, tienen hoy entre 30 y 45 años y forman la generación adulta más numerosa del país. En 2024, casi se dividieron por mitades frente a Trump; las encuestas de salida registraron un 51% para Kamala Harris y un 47% para él entre los votantes de 30 a 44 años.
Un sondeo de YouGov levantado del 28 al 31 de agosto midió en esa franja una aprobación de 27% y una desaprobación de 70%, el peor saldo del grupo en la serie. El saldo neto pasó de un punto negativo en enero de 2025 a 43 en agosto, una caída de 42 puntos frente a 30 en el total nacional.
Un editorial de The Economist ofrece la versión opuesta. Sostiene que los millennials dieron vuelta su suerte y hoy ganan más que cualquier generación reciente a la misma edad, mientras recortan distancia en la propiedad de vivienda. La revista atribuye la recuperación a los mercados y no a un rescate financiado por el Estado. Las encuestas de octubre muestran lo que ese relato deja fuera.
En la carrera legislativa, Pew Research Center registró entre los votantes de 30 a 49 años un 43% a favor del candidato demócrata y un 31% del republicano, con uno de cada cinco todavía sin decidir.
La encuesta de octubre sobre asequibilidad, cruzada por edad, apunta en la misma dirección. El costo de vida define el voto del 45% de los treintañeros y del 44% de los cuarentañeros, por encima del promedio de 37%. Es la franja que entró al mercado laboral con la crisis de 2008, que paga alquileres o hipotecas, cría hijos y llena el tanque a diario para ir a trabajar, justo en los rubros que más se encarecieron este año.

Las mediciones vienen de sondeos con tramos de edad distintos y no prueban una causa única, pero leídas juntas muestran a la generación más numerosa del país alejándose de Trump más rápido que el resto y con el costo de vida al frente de su voto.
Los que se quedan en casa
Entre quienes votaron por Trump en 2024, el 23% desaprueba hoy su desempeño y el 38% rechaza su manejo de la inflación. La mayoría de ellos sigue prefiriendo a los republicanos para el Congreso, de modo que el desgaste no toma la forma de una mudanza al otro partido; lo que se les fue es la certeza de ir a votar.
El 75% de los demócratas registrados asegura que votará, frente al 67% de los republicanos. Dentro del Partido Republicano, la certeza llega a 75% entre los seguidores del movimiento MAGA y cae a 57% entre quienes no se reconocen en él. Más de la cuarta parte de estos últimos quiere un próximo Congreso en manos demócratas.

Solo el 39% de los republicanos aprueba con fuerza al presidente, cuando en febrero de 2025 lo hacía el 63%.
Cuántos de los 77 millones de electores de Trump en 2024 volverán a las urnas sin su nombre en la boleta es algo que nadie puede contestar todavía. Los modelos de participación de 2022 y 2024 los favorecen; el voto ya emitido o asegurado, en cambio, favorece a los demócratas.
Lo que se juega en el Senado
Con la mayoría estrecha que el oficialismo defiende en la Cámara Alta, perder unos pocos escaños bastaría para entregar el control, y la aprobación presidencial figura entre los mejores predictores del medio término. Aun así, el 58% de los votantes probables que desaprueban «algo» a Trump sigue prefiriendo al republicano de su distrito.
El Senado está hoy 53 a 47 a favor de los republicanos, y los demócratas necesitan ganar cuatro en neto para recuperar la mayoría. De las 35 bancas en juego, siete figuran como competencia abierta, y seis de ellas —Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Ohio y Texas— las ocupan hoy republicanos. Carolina del Norte, un escaño republicano, ya aparece inclinado hacia los demócratas.
Los siete estados que decidieron la última presidencial —Arizona, Georgia, Míchigan, Nevada, Carolina del Norte, Pensilvania y Wisconsin— ofrecen una primera pista hacia 2028. Trump ganó los siete en 2024 y hoy su aprobación neta es negativa en todos, entre 15 y 25 puntos bajo cero entre votantes registrados, según el rastreador de Civiqs. No podrá ser candidato en 2028 y esas cifras miden a un presidente, no a su sucesor, pero dibujan el terreno que heredará su partido.

El 3 de noviembre, el nombre de Trump seguirá sin aparecer en la boleta. El resultado dependerá menos de los votos que cambien de partido que de los que se queden sin emitir, entre ellos los de una generación que hace dos años se partió casi en mitades frente a él y que en agosto lo desaprobaba siete a tres.
El arco y la gasolinera
El miércoles 14, a 20 días de la elección, el nuevo Air Force One sobrevoló a baja altura el aeropuerto de Bullhead City, en el desierto de Arizona. Es el Boeing 747 que la familia real de Qatar le regaló a Trump, ya pintado de rojo, blanco, azul y dorado. «Cuando te dan un 747, dices gracias», explicó a sus seguidores.
Arizona es uno de los estados bisagra que cambian de manos de una presidencial a otra. Joe Biden lo ganó en 2020 por unos 10.500 votos, Trump lo recuperó en 2024 y hoy su aprobación allí marca 18 puntos bajo cero. Este año no elige senador, pero sí gobernador y sus nueve escaños en la Cámara. El presidente eligió el condado de Mohave, donde se llevó más del 77% de los votos hace dos años, con el voto anticipado abierto desde hacía una semana. Fue a buscar a su base, la que necesita en las urnas y no en casa.
Del avión pasó a quienes filtran información militar. «En mi opinión, a los filtradores hay que fusilarlos», dijo, y de los periodistas que lo cubrían afirmó que son «casi tan malos como un filtrador». Repasó el salón de baile que construye en la Casa Blanca y el arco triunfal que planea para la capital. Sobre Irán, cuyos líderes —aseguró— «ya no están», dejó escapar una confesión: «Quizás me excedí, no sé con quién diablos tratar». Y prometió que, cuando la guerra termine, la gasolina bajará incluso más de lo que estaba antes de que empezara.
Lo escuchaba un país que llena el tanque a precios de guerra y paga alquileres 2.8% más caros que hace un año, según el índice oficial de precios. Tres días después, su vicepresidente reconoció en televisión lo que la gasolinera ya decía. Trump, en Arizona, había preferido hablar de monumentos.
El arco proyectado mide 76 metros, unos 26 más que el Arco del Triunfo de París, y se levantaría al pie del puente que conduce al cementerio nacional de Arlington, para los 250 años de la independencia.
Napoleón encargó el de París en 1806, después de su victoria en Austerlitz, para honrar a sus ejércitos. Las obras se tardaron tres décadas. Cuando se inauguró, en 1836, el emperador llevaba 15 años muerto en el exilio, y bajo el arco pasó una sola vez, en 1840, dentro del féretro que devolvió sus restos a Francia.
Autor: teleSUR: Daniel Ruiz Bracamonte