29 de Septiembre de 1963

🌟 OPERACIÓN TORIBIO GARCÍA

El asalto al Tren de El Encanto Operación Toribio García (1) ejecutado por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), el 29 de septiembre de 1963 en la estación “El Encanto” ubicada en uno de los tramos montañosos atravesado por el Gran Ferrocarril de Venezuela, cerca de la población de los Teques en el Estado Miranda.

Las FALN fue una organización guerrillera creada por el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en 1962, como el brazo armado del Frente de Liberación Nacional (FLN) para dar forma a los nacientes grupos rebeldes que empezaban a operar en el país, para derrocar por la vía armada al Gobierno de Rómulo Betancourt, que desde sus inicios instaló una represión feroz contra el PCV, el MIR y los movimientos progresistas.

​ La operación consistió en la toma por asalto del tren que se dirigía hacia Los Teques, por guerrilleros urbanos los cuales se enfrentaron durante breves minutos con efectivos de la Guardia Nacional (GN).
El móvil de esta operación fue la apropiación de unas armas, que serían transportadas hacia Caracas para fortalecer dicha organización.

El asalto fue realizado por una Unidad Táctica de Combate (UTC), hombres y mujeres, miembros de las FALN. El tren objetivo del ataque estaba ocupado por alrededor de 400 personas. En el enfrentamiento entre guerrilleros y efectivos de la Guardia Nacional resultaron muertos cinco funcionarios yresultaron heridas ocho mujeres y dos niños.

El gobierno de Rómulo Betancourt, como respuesta al atentado, intervino el Congreso Nacional y encarceló a los miembros de la dirección nacional de los partidos de izquierda que formaban parte de las fracciones parlamentarias, del PCV y el MIR.

Entre los detenidos estuvieron; los hermanos Gustavo y Eduardo Machado, Jesús Faría, Pompeyo Márquez, Domingo Alberto Rangel, Simón Sáez Mérida, Jesús María Casal y Jesús Villavicencio. En los siguientes días apresarían a Pedro Ortega Díaz y Guillermo García Ponce.

Jesús Faria deja un testimonio en relación a la lucha armada, escribe:

«El cambio en la táctica elaborado por el III Congreso del PCV fue un acto unilateral del V Pleno del Comite Central de Emergencia (CCE), celebrado en diciembre de 1962 para legalizar una situación de hecho que ya se venía gestando como resultado del frenesí guerrerista que había invadido al partido. Entre otros recordamos: la toma de un Cuartel en la Guaira, en su gran mayoría por estudiantes [150 presos], el Carupanazo [todos detenidos], el Porteñazo [400 muertos]. Posteriormente vendría el asalto al Tren del Encanto, septiembre de 1963, ordenado inconsultamente por uno de los líderes de la tesis guerrerista» [que motivó la detención de los arriba mencionados y un centenar de militantes].

A continuación compartimos con ustedes el testimonio de Luis Correa (2), entrevistado por el periodista Albor Rodríguez y publicado originalmente en el diario “El Nacional”, el 25 de Julio de 1997, tomado de los archivos del diputado Luis Barragán.

Albor Rodríguez (A.R). Esta crónica terminaría aquí, si poco tiempo antes de cerrarla no hubiese aparecido, con sus ojos azules fulminantes, Luis Correa. Cineasta y escritor, en medio de una atmósfera de confesionario, es el protagonista de este diálogo. Gracias a él, muchas preguntas encontraron su respuesta.

Luis Correa (L.R): –La operación del asalto al Tren de “El Encanto” fue organizada por una Unidad Táctica de Combate (UTC) de la Brigada No 1, de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). Recibimos la información de que iban a ser trasladadas unas armas en ese tren, y la brigada planificó la operación de forma tal que hubiesen el menor número de lesionados. Para el efecto se colocaron hombres y mujeres combatientes en ambos extremos de los vagones, de manera de poder neutralizar la actividad de los guardias que también iban. En un momento determinado, a uno de los compañeros se le cayó un arma y un guardia lo vió. Ahí empezó todo.

A.R -No estaba previsto el enfrentamiento?

L.C: –No, no estaba previsto. Fue realmente un lamentable error. Al final no hubo ningún traslado de armas. Fue una operación fallida. Se tomaron diez sub ametralladoras Madsen, y un par de revólveres.

A.R- ¿No eran esas armas el objetivo?

L.C- No, el objetivo no eran las armas que llevaban los guardias, sino las que supuestamente estaban siendo trasladadas en el tren. En todo caso, se levantaron doce armas, con el lamentable resultado de cinco guardias muertos. Por la parte nuestra no hubo ningún herido grave. Del resto, nada más. Después vinieron las consecuencias: esta acción desencadenó una violenta ofensiva política por parte del gobierno.

A.R- ¿La operación estaba autorizada por el alto mando de las FALN?

L.C- Plenamente.

A.R- Entonces los que hoy dicen que nada sabían sobre “El Encanto”…

L.C- Hoy se dicen muchas cosas. Por eso yo llamo a ese período como el espejismo de la revolución. Hoy es muy fácil no asumir las responsabilidades de lo que pasó hace treinta años. Es muy fácil decir que fue una “operación por la libre”, como se decía en aquel entonces.

A.R- Hoy todavía se dice que fue un grupo anárquico que actuó sin el consentimiento de las altas esferas de las FALN.

L.C- Eso no es verdad.

A.R- ¿Teodoro Petkoff tuvo que ver con “El Encanto”?

L.C: –No. En absoluto. Eso no quiere decir que Teodoro no tenga sus méritos en otros campos, pero esta operación en particular y con esta Brigada en particular, Teodoro no tenía nada que ver.

A.R- ¿Y Guillermo García Ponce?

L.C- Guillermo sí, porque él era miembro de las FALN y por lo menos estaba enterado.

A.R- ¿Cuántas personas realizaron la operación?

L.C- Siete.

A.R- ¿Mujeres y hombres?

L.C- Creo que dos y cinco.

A.R- ¿Es cierto que la tarea de las mujeres era entretener a los guardias?

L.C- No. Esa fue una acción muy violenta, y creo que se desarrolló en muy pocos minutos.

A.R- ¿Es cierto que se desarrolló justo en el momento de oscuridad absoluta, cuando el tren iba atravesando el túnel 10?

L.C- Saliendo del túnel.

A.R- ¿Qué no se ha dicho sobre “El Encanto” que crea importante decir en este momento?

L.C- Esa operación se bautizó con el nombre de “Toribio García”, un combatiente muerto. Del resto no hay nada extraordinario. Fue una operación, desde el punto de vista militar, sencilla, de rutina, como hubo tantas. Todo estaba planificado para que nadie cayera preso. Desde el punto de vista militar fue un éxito, aunque desde el punto de vista político haya sido un error, visto ya retrospectivamente.

A.R- En El Nacional del 12 de octubre de 1963 apareció un anuncio del MRI en el que se decía que habían sido identificado dos de los asaltantes del tren: Eliobardo Pérez (a) Elio, y Andrés Delfín Rodríguez.

L.C- Ninguno de los dos participó en la operación. Ellos eran combatientes, pero no tuvieron nada que ver con “El Encanto”. Estuvieron presos en el San Carlos sin tener nada que ver con eso. Supongo que había que justificar cierta eficacia judicial, pero ellos fueron dos chivos expiatorios. Posteriormente cayeron presos otros combatientes que estuvieron en el Tren del Encanto, pero por delaciones o por otras actividades.

A.R- También salió en esos días “Se busca vivo o muerto Máximo Canales” [PaulDelRío].

L.C- Tampoco tuvo nada que ver con el asalto. Él era de una brigada del MIR.

A.R- ¿La operación fue posteriormente revisada?, ¿Autocríticamente?

L.C- Sí, se vio el error que se había cometido.

A.R- ¿Y cómo definiría el error?

L.C- Como un mal trabajo de inteligencia, que condujo a ese infausto resultado. Era mentira que había una caja de armas en el tren. Sin embargo, para aquel entonces diez ametralladoras eran diez ametralladoras, más dos revólveres, más cuatro peinillas…

A.R- Se dice que mataron a los guardias por la espalda.

L.C- El dispositivo se había colocado de manera que los guardias quedaran encerrados entre dos fuegos. Y un hombre entre dos fuegos o muere por delante o muere por detrás.

A.R- ¿Los miembros de la unidad iban en un vagón concreto?

L.C- No, iban dispersos en varios vagones, igual que los guardias, a quienes hubo que irlos sometiendo rápidamente, vagón a vagón.

A.R- ¿Aparte del costo político, qué otras consecuencias cree que tuvo la acción de “El Encanto”?

L.C- Sirvió para unificar a la Guardia Nacional. Como todo en la vida, El Encanto tuvo sus partes negativas y positivas. Al gobierno le sirvió. Ahora, si se juzga sólo por el número de muertos, habría que preguntarse ¿cuántos muertos hubo en Puerto Cabello o en Carúpano?

A.R- Pero allí se entiende que hubo enfrentamientos.

L.C- Aquí también. Sui géneris, pero fue un enfrentamiento.

A.R- ¿Los guardias nacionales llegaron a disparar?

L.C- Por supuesto, pero no lograron herir a nadie. Incluso se combatió en las partes exteriores al tren, en los andenes, para evitar heridos civiles… Lo que pasó en “El Encanto” fue tan sencillo como se lo estoy contando. Claro, después adquirió un ribete político insospechado, acorde a los objetivos del gobierno. Mezclaron a Canales, mezclaron a Teodoro, mezclaron a todo el mundo, pero esa acción la hizo una UTC normal, ni siquiera fue una brigada extraordinaria. Desde entonces alguien señaló a Teodoro, pero es que han podido señalar a García Ponce, o a cualquier otro. Siempre se busca la descalificación del contrario. Y eso es normal dentro de las reglas del juego de la guerra. O de la guerrita, como queramos llamarla. Una guerra que costó bastantes muertos, y bastantes equivocaciones de parte y parte.

A.R- Y usted, ¿cómo ve esa guerra hoy en día?

L.C- Uno de sus problemas graves fue que a la dirección política del PCV -no quiero emitir juicios sobre el MIR- le faltó una cosa que se llama “decisión de partido”. Ellos jugaban a la guerra en un sentido, pero no tuvieron la decisión de enfrentar el problema en toda su magnitud. Era un juego dual, entre la guerra y la paz. El buró político tenía unas ideas, que tampoco transmitía; no estaba de acuerdo con la lucha armada pero a su vez la aupaba. Una contradicción flagrante, que fue una de las causas fundamentales de la derrota. Nuestra derrota fue, básicamente, una derrota política. No quiero decir con esto que la derrota política o militar sea más importante una u otra, sino que una vez que un movimiento está derrotado políticamente, sobran los fusiles.

A.R- ¿A su juicio, el asalto al Tren de “El Encanto” fue determinante para perder el apoyo que ustedes tenían en un sector de la población?

L.C- Tanto como aquella fotografía de un cura agarrando a un soldado herido en Puerto Cabello. El Encanto impactó a la opinión pública, y manejada con todos los medios que tenía el gobierno a su alcance, causó una erosión. Ahora, todo eso hubiese sido transitorio, si hubiésemos hecho otras cosas positivas. “El Encanto” no se puede ver como hecho aislado; en todo caso la población no le prestaba atención ni al gobierno ni a nosotros. El gobierno iba por un lado, nosotros por otro, y las masas por otro.

A.R- ¿Entonces las masas no eran sensibles a esa lucha?

L.C- No, si lo hubiesen sido, hubiésemos ganado. Pero tampoco eran sensibles al gobierno, que ganó las elecciones con Leoni y después las perdió con Copei. Por una operación no se puede juzgar una etapa en la vida histórica de un país. “El Encanto” fue una operación irrelevante. Se hicieron muchas otras de más envergadura, donde hubo más muertos, y no pasaba nada. Hubo errores de parte y parte. El gobierno también cometió bastantes barbaridades. Unas se sabían y otras no. Muchas no se saben todavía. En una etapa de enfrentamiento entre dos fuerzas, una grande y otra pequeña, cabe todo. El gobierno escribió la historia, porque fueron los vencedores. Pero la historia siempre se está reescribiendo, sólo hay que tener la paciencia para seguirla leyendo.

A.R- ¿Cuándo cree usted que fue la fractura decisiva de la izquierda venezolana?

L.C- En octubre–noviembre de 1963. Pero no por “El Encanto”, sino por las elecciones.

A.R- Señor Correa, ¿en qué brigada estaba usted?

L.C- Yo era el jefe de la Brigada No 1.

A.R- ¿Y todo lo que me ha dicho lo puedo poner con su nombre y apellido?

L.C- Totalmente. Yo asumo mis riesgos, y mis responsabilidades. ¿Qué me van a cobrar? ¿La vida?

🚩Nota: Ese mismo dia 29 de septiembre –según nota de prensa– «Seis hombres trajeados de militares asaltaron la sede de la Digepol en Maracay [estado Aragua] y se llevaron el armamento».

(1) Toribio García Rodríguez Nativo de Boca del Río, Nueva Esparta. Abogado de la UCV. Militante del PCV. Se incorpora a la guerrilla y es asesinado con su compañero Amado Petitt Colina el 16 de mayo de 1962.

(2) Luis Alberto Correa Suárez Caraqueño. Dirigente del PCV. Comandante de las Guerrillas Urbanas. Ha sido el único cineasta venezolano en ser encarcelado por una película, luego de haber dirigido el muy polémico film: «Ledezma, el caso Mamera» (1981), la primera de las únicas dos cintas prohibidas por los tribunales, la otra fue «El Inca, en tiempos del chavismo».
También dirigió «Se llamaba SN» (1978) y «La matanza de Santa Bárbara» (1986). Como autor, su primer libro fue: «Fal Brigada Uno», un testimonial de las guerrillas en Venezuela. Durante el gobierno de Hugo Chávez, se desempeñó como Jefe de Seguridad de Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Falleció de enfisema pulmonar a la edad de 73 años de edad, el 25 de marzo del 2010.

🚩 LA MEMORIA COLECTIVA ES LO ÚNICO QUE EL TIEMPO NO DESTRUYE

🇻🇪 2026: EXIGIMOS LA REPATRIACIÓN PARA ILICH RAMÍREZ SÁNCHEZ, INCANSABLE LUCHADOR DE LA CAUSA PALESTINA.

📖 Fuentes Consultadas:

● Nancy Zambrano Rivas «Escritos de una Combatiente de la Guerrilla Urbana en Caracas» pág: 231

● Elia Oliveros Espinoza «La Lucha Social y la Lucha Armada en Venezuela» (1958-1974) pág: 252

● Jesús Faria «Mi línea no cambia, es hasta la muerte» pág: 222

● Pedro Pablo Linarez «Venezuela Insurgente (1959-1999) pág: 184 y 185

🌟 «HAY QUE RECUPERAR LA MEMORIA HISTÓRICA, PORQUE SE EMPIEZA CON EL OLVIDO Y SE TERMINA EN LA INDIFERENCIA»

Omar Narváez Aché «Chelias»