Por Lic. Juan Contreras
Ha transcurrido un mes desde que la tierra crujió en aquel fatídico doblete sísmico que sacudió los cimientos de nuestra Patria. Treinta días donde las horas se miden en el latido incesante de la incertidumbre, el llanto callado ante la pérdida y la cicatriz abierta de un dolor que aún quema el pecho de nuestras familias. La angustia no se ha ido de nuestros barrios ni de los campos; la tristeza camina junto a nosotros entre los escombros.
Pero en medio del luto, se ha levantado gigante la verdadera reserva moral de esta tierra: nuestro pueblo heroico. Si algo ha quedado demostrado en esta prueba del destino es que la solidaridad no es una proclama de escritorio, sino la práctica cotidiana de la clase trabajadora. Gracias a la empatía, a la resistencia histórica y a la resiliencia popular, nos hemos mantenido de pie, compartiendo el pan que queda, levantando los techos caídos y tejiendo la fraternidad que solo comprenden los que abajo sufren y abajo luchan.
«La solidaridad es la ternura de los pueblos.» Esa frase martiana cobró vida con la llegada de más de 4 mil socorristas, hombres y mujeres provenientes de 31 naciones hermanas que rompieron distancias para poner el cuerpo, la técnica y el alma junto al Gobierno Bolivariano en las labores de rescate y mitigación. A ellos, nuestro abrazo infinito y el agradecimiento entero de un pueblo que jamás olvida la mano amiga.
El vil oportunismo y la injerencia disfrazada
Sin embargo, ni el dolor más sagrado frena la mezquindad de quienes hacen de la tragedia su trinchera política. Resulta indignante presenciar cómo sectores de la derecha apátrida intentaron instrumentalizar el sufrimiento popular para agredir a la gestión del Estado, priorizando el cálculo politiquero por encima del rescate de vidas humanas.
Más grave aún y frente a lo cual levantamos con firmeza nuestra denuncia antiimperialista, es la pretensión de convertir una emergencia humanitaria en una plataforma de ocupación. Bajo el manido pretexto del «socorro», rechazamos categóricamente la presencia militar estadounidense en nuestro suelo patrio. Nos indigna la memoria reciente: son los mismos actores del 3 de enero, aquellos que instruyeron y asesoraron a grupos para desestabilizar la paz soberana de casi un centenar de compatriotas. No es ayuda; es injerencia silenciosa y neocolonialismmo disfrazado de compasión.
En la misma línea de dignidad bolivariana, repudiamos la presencia de efectivos del Estado sionista genocida de Israel. ¿Con qué moral se presentan en nuestras tierras pretendiendo «lavarse el rostro» quienes hoy ejecutan el genocidio sistemático y la limpieza étnica contra el hermano pueblo palestino en la Franja de Gaza? Quien bombardea hospitales y masacra a miles de niños en el Medio Oriente no tiene autoridad moral para ofrecer asistencia médica ni rescate en la Patria de Bolívar y Chávez. ¡Esa ayuda sangrienta no la necesitamos, no la queremos y la rechazamos con el espíritu internacionalista que nos caracteriza!
De las ruinas renacerá la Patria
A un mes de la tragedia, el balance es claro: la salida a nuestras crisis jamás vendrá de la bota extranjera ni del cinismo de las élites. La recuperación nace de la organización comunal, de la respuesta oportuna del Estado al servicio de las mayorías y del abrazo sincero entre las naciones soberanas del mundo.
Con las lágrimas de hoy regamos la semilla de la reconstrucción de mañana. Seguimos en batalla, con el dolor a cuestas pero la dignidad intacta, organizados en la solidaridad popular y alertas frente a las pretensiones imperiales.
¡Solo el pueblo salva al pueblo!
Caracas, Venezuela 🇻🇪
Julio 2026.
Desde el Barrio