Resumen Latinoamericano, 18 de mayo de 2026.
Otra vuelta de tuerca en la guerra híbrida contra la Isla
La noticia, difundida por los grandes medios alineados con Washington, es una más en la larga historia de agresiones contra la Revolución: el Departamento de Justicia estadounidense planea imputar al General de Ejército Raúl Castro Ruz por el derribo de dos avionetas de la organización «Hermanos al Rescate» en 1996. No es justicia. No es legalidad internacional. Es una burda operación de propaganda diseñada para justificar la asfixia económica y la injerencia imperial.
Quienes hoy rasgan sus vestiduras hablando de «derechos humanos» y «crímenes de lesa humanidad» son los mismos que desde 1962 han sometido a Cuba a un bloqueo criminal, recrudecido hasta la asfixia por la administración Trump. El verdadero crimen no se cometió en el cielo, sino en los despachos donde se planifica el hambre, los apagones y la desesperación de todo un pueblo.
La verdad que no quieren escuchar
Corría el año 1996. La organización «Hermanos al Rescate», lejos de ser una agrupación humanitaria, acumulaba un largo historial de provocaciones y violaciones sistemáticas de la soberanía cubana. El entonces canciller Roberto Robaina lo denunció con todas las letras ante la ONU: Cuba posee «pruebas suficientes» de que dicho grupo planeaba acciones terroristas, incluido el sabotaje a la refinería de Cienfuegos y atentados contra los principales líderes de la Isla.
No eran «inocentes humanitarios». Eran instrumentos de una política de agresión que, año tras año, lanzaba vuelos rasantes sobre La Habana, penetraba impunemente el espacio aéreo cubano y desoía toda advertencia. «Llevamos más de 20 meses soportando violaciones del espacio aéreo», declaró entonces el teniente coronel Lorenzo Alberto Pérez Pérez, el piloto que ejecutó la orden de derribo. El general Rubén Figueras, jefe de la Defensa Antiaérea, fue categórico: sin la escalada agresiva de «Hermanos al Rescate», Cuba nunca hubiera tomado esa decisión.
El canciller Robaina lo resumió con claridad meridiana: «Ningún país que se respete a sí mismo podía tolerar lo que se estaba haciendo con Cuba. EE UU no lo habría tolerado ni una sola vez». La diferencia es que Cuba, nación soberana, se defendió.
Una acusación sin pies ni cabeza jurídica
Treinta años después, Washington pretende desempolvar un expediente que ya fue investigado, debatido y políticamente instrumentalizado en su momento. La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) llevó a cabo su propia pesquisa, y Cuba colaboró plenamente, entregando todas las pruebas que demostraban que el derribo ocurrió dentro de su jurisdicción y en respuesta a una agresión consumada.
¿Qué ha cambiado? Nada. Solo la urgencia de la Casa Blanca por fabricar un nuevo enemigo, ahora que el pueblo cubano resiste estoicamente el bloqueo recrudecido y que las mentiras del «Estado fallido» se desmoronan frente a la dignidad de una nación que, a pesar de todo, mantiene indicadores de salud y educación comparables a los del mundo desarrollado.
La política de Trump: un acto de guerra
La maniobra jurídica no es un hecho aislado. Se inscribe en la brutal escalada de agresiones que caracteriza al gobierno de Donald Trump: amenazas arancelarias, presión militar, asfixia energética y ahora, el intento de criminalizar a los líderes históricos de la Revolución. El objetivo es uno y el mismo de siempre: doblegar a Cuba, borrar su ejemplo y someter a su pueblo.
Pero olvidan lo esencial. Como ha señalado Razones de Cuba en múltiples ocasiones, la resistencia no es una opción para los cubanos: es su ADN. Esta nación ha vivido bajo un bloqueo de más de seis décadas, con daños acumulados que superan los 150 mil millones de dólares, y sigue en pie. No se rinde. No se vende. No claudica.
La fabricación de delitos contra el General de Ejército Raúl Castro es una infamia que solo desnuda la desesperación del imperio. Cuba no olvida, pero tampoco se arrodilla. Cada nueva agresión es un recordatorio de quiénes son los verdaderos criminales y quiénes, los defensores de la soberanía y la paz.
Desde Razones de Cuba, denunciamos esta nueva operación de intoxicación mediática y reafirmamos nuestro compromiso con la verdad, la Revolución y la defensa inclaudicable de la Patria socialista.
Fuente: Razones de Cuba