Sergio Hernández DíazEl «Viejo Alberto» ha pasado a la Inmortalidad Combatiente

Por: Juan Contreras

Hay hombres que no mueren, sino que se siembran en la tierra fértil de la conciencia popular. El pasado 8 de mayo, de este año 2026, en su amada Habana, esa trinchera de dignidad que lo acogió como a un hijo predilecto, emprendió su viaje hacia la eternidad el camarada Sergio Hernández Díaz, conocido por el nombre que la lucha, el rigor y el respeto le otorgaron: el ”Viejo Alberto”.

Con su partida física, se nos va un pedazo de la historia viva de la resistencia continental, pero se queda un legado que arde como brasa en el corazón de los pueblos que aún caminan tras la utopía. Hoy, desde la Caracas rebelde, rendimos tributo a quien no solo fue un cuadro político, sino un hermano de sueños y batallas.

Una vida forjada en el fuego del compromiso

Nacido en el puerto de Mejillones, Chile, en 1941, Sergio fue tocado desde niño por la injusticia. Marcado por el asesinato de los obreros del salitre en la oficina Pedro de Valdivia, comprendió temprano que la neutralidad es el lujo de los indiferentes. Militante del Partido Socialista, cautivado por la luz de la Revolución Cubana y la figura gigante de Fidel Castro, el Viejo Alberto buscó siempre el lugar de mayor compromiso.

Su trayectoria fue una línea recta hacia la coherencia: desde su voluntad de sumarse a la columna de Ñancahuazú en Bolivia tras la caída del Che Guevara, hasta su rigurosa formación político-militar en Punto Cero a inicios de los años 70. Tras la caída de Miguel Enríquez, se sumó a las filas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), convirtiéndose en un arquitecto de la audacia en los años más oscuros de la dictadura pinochetista.

Estratega de la libertad y maestro de cuadros
Como jefe de la Fuerza Central y parte de la Dirección Zonal Militar en Santiago, el Viejo Alberto dirigió operaciones que hoy son parte de la crónica heroica de la resistencia chilena. Participó en el Plan Ofensivo y la Operación Retorno, demostrando que contra la barbarie del fascismo, la respuesta de los pueblos debe ser la organización y la combatividad.
Sin embargo, su mayor trinchera fue la formación. Centenares de jóvenes latinoamericanos y caribeños pasaron por sus escuelas. Muchos fuimos guiados por él en las calles de La Habana; muchos fuimos hijos de su paciencia y su sabiduría. No enseñaba solo táctica; enseñaba ética, mística y la necesidad de la unidad continental.

Sueños compartidos y el horizonte de Nuestra América

Hablar del Viejo Alberto es hablar de la palabra que construye. Quienes tuvimos el honor de caminar a su lado durante casi tres décadas de amistad, camaradería y hermandad, guardamos como un tesoro las largas conversaciones en su casa en Cuba y en diversos rincones de nuestro continente.
En esos encuentros —de los cuales el hermano Felo y los valientes compañeros chilenos que aún siguen batallando son testigos fieles—, los sueños se hacían concretos. Siempre estaba presente el análisis profundo sobre el destino de Nuestra América, la urgencia de la solidaridad internacionalista y la convicción inquebrantable de que estamos en plena marcha por nuestra segunda y definitiva independencia.

Sergio era una biblioteca de conocimiento siempre dispuesta al servicio de la lucha. Su generosidad no conocía límites: siempre estuvo dispuesto a dar la vida por la causa bolivariana y el socialismo. En cada café compartido, en cada «infidencia» histórica narrada con la pasión de quien sabe que la memoria es un arma, el Viejo Alberto nos recordaba que la utopía no es un lugar al que se llega, sino una dirección hacia la cual se camina con firmeza.

Hasta siempre, Capitán de la Utopía

Hoy te despedimos físicamente con el dolor que causa la partida de un hermano, pero con el orgullo de haber compartido el mismo trecho del camino. Tras dar una valiente batalla contra una penosa enfermedad, Sergio se eleva como una referencia obligada para quienes nos negamos a aceptar el fin de la historia.
Tu ejemplo, Viejo Alberto, se queda en nuestros corazones y en la praxis cotidiana de la Coordinadora Simón Bolívar. Reivindicamos tu vida como un estandarte. Seguiremos soñando y caminando, porque mientras haya un pueblo que resista, tu voz seguirá resonando en las montañas y barriadas de este continente que tanto amaste.

¡Honor y Gloria Eterna al hermano Sergio Hernández Díaz!
¡Viejo Alberto: Presente, ahora y siempre!
¡Arriba los que luchan!

Domingo 10 de mayo de 2026
Caracas, Venezuela 🇻🇪

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