El Grito que Despertó a un Continente: A 37 años de la Rebelión Popular

Hay fechas que no se leen en los libros de historia, sino que se sienten en las cicatrices del cuerpo, en el asfalto de las veredas, en la esquina del barrio y en la esquina del bloque. Hoy, 27 de febrero de 2026, se cumplen 37 años de aquel estallido que cambió para siempre el ADN político de Venezuela: la Rebelión Popular conocida como El Caracazo. Lo que comenzó en Guarenas como una protesta legítima contra el aumento del pasaje, no fue un evento aislado; fue el rugido de un pueblo que se negó a ser asfixiado por el hambre y la exclusión. 

La Receta del Hambre y la Respuesta de la Dignidad

El contexto no era un accidente. El segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez había decidido entregar la soberanía económica al Fondo Monetario Internacional (FMI). El famoso «paquete» no eran solo números; era la condena a la miseria para las mayorías. Fue Venezuela, hace casi cuatro décadas, el primer país de Nuestra América en plantarle cara a esa receta neoliberal que pretendía privatizar hasta la esperanza.

La respuesta del Estado no fue el diálogo, sino el plomo. La represión se ensañó contra los sectores populares, aquellos que siempre habían sido invisibles para las élites de Miraflores. Las cifras oficiales intentaron ocultar la magnitud de la tragedia, pero la memoria colectiva no miente: se estima que entre 3.000 y 5.000 venezolanos y venezolanas fueron asesinados en una masacre sin precedentes.

El 23 de Enero: Testigo y Víctima

Nadie nos lo tiene que contar. Lo vivimos. Quienes habitamos el Barrio 23 de Enero y otras zonas populares de la capital, recordamos el sonido de las botas y los fusiles quebrando el silencio de la noche. Los allanamientos no buscaban delincuentes, buscaban amedrentar a un pueblo consciente, fuimos detenidos y torturados por la Dirección General de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP).

Conocimos la tortura en carne propia. Sentimos el frío de la injusticia y el dolor de ver a nuestros vecinos, amigos y hermanos caer bajo las balas de quienes debían protegerlos. Aquellos días de febrero y marzo de 1989 quedaron grabados como la prueba de que, para el viejo sistema, la vida del pobre no tenía valor. Sin embargo, en medio del dolor, se gestó la unidad más poderosa: la de la supervivencia y la resistencia.

Un Legado que se Hace Futuro

Hoy, 37 años después, la Rebelión Popular no es un recuerdo estático; es una brújula. Aquel sacrificio enterró las reservas y las pretensiones del FMI en nuestra tierra. Fue el foso donde se sepultó la Cuarta República y el semillero donde germinó la voluntad de ser dueños de nuestro propio destino.

Honramos a nuestros Mártires, no con flores marchitas, sino con la firme convicción de que su sangre no corrió en vano. Su entrega es el recordatorio diario de que la soberanía no se negocia y de que el bienestar del pueblo debe estar siempre por encima de cualquier indicador financiero internacional.

Al pasado jamás regresaremos

Miramos hacia atrás para no repetir los errores, pero sobre todo para reafirmar nuestra identidad. El 27 de febrero de 1989 nos enseñó que el pueblo venezolano tiene un límite y que ese límite es su dignidad. A casi cuatro décadas de aquel despertar, nuestra consigna sigue siendo la misma, más vigente que nunca: ¡No hay pueblo vencido!

Hoy le decimos al mundo y a la historia que al pasado de exclusión, represión y entrega al capital extranjero, jamás regresaremos. Venezuela es hoy un faro de resistencia que comenzó a brillar precisamente en medio de la oscuridad de aquellos días de febrero.

«Honor y Gloria a quienes cayeron por soñar con una patria justa. Su grito sigue retumbando en cada calle de nuestra Venezuela rebelde.»

No hay Pueblo Vencido

Lic. Juan Contreras

Viernes 27 de febrero de 2026.
Caracas, Venezuela 🇻🇪.