Fotos Franklin Domínguez e Internet. Video Franklin Domínguez.
24/02/2026
Las ilegales medidas que contra el país caribeño impulsa Donald Trump, ponen en severo riesgo la vida de niños y niñas víctimas de cáncer, internados en el hospital Juan Manuel Márquez, constantemente atacado por apagones dirigidos desde Washington
Drama, palabra empleada ocasionalmente con poco sentido del tino, adquiere precisa significación en la Cuba de hoy. Dramático es, por ejemplo, que un hospital pediátrico esté a merced de lo que comúnmente se conoce como apagones; que haya escuelas obligadas a modificar su dinámica de atención escolar por la misma causa, apelando entonces a la formación no presencial; que haya que someterse a la ausencia de energía eléctrica durante 12, 14, 18, 48 o 72 horas bajo un clima que por naturaleza suele ser intensamente calórico; que el transporte -por demás con históricas dificultades en la nación-, haya mermado profundamente en su servicio porque el combustible «brilla» por ausencia forzada; que los ingresos de mujeres y hombres hayan alcanzado máximo declive, (sí, dramáticamente), porque -nuevamente- por la misma causa cada vez es menor el número de aeronaves que aterrizan para dinamizar el turismo, fuente básica en el sustento económico de la isla.
¿La razón de todo lo anterior? Sí: Es ampliamente conocida. Emana del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, quien decidió concretar contra el pequeño país las amenazas que desde siempre contempló contra la tierra de José Martí, hecho ampliamente reseñado por diversos medios que, por la motivación que sea, no plasman (solo algunos sí lo han hecho) las consecuencias del abominable proceder gringo.
Hasta ahora y cada día más, ha reinado el miedo de gobiernos y multinacionales (en ocasiones ambas figuras suelen ser lo mismo), que sienten sobre su cabeza la ilegal espada arancelaria afilada en la Casa Blanca, espada que les apunta directo al corazón monetario si osan tener a La Habana en sus listas de socios, aliados, clientes o como se le quiera llamar.

El drama (sí, el drama), representa el momento más complejo que enfrenta la Revolución cubana desde su nacimiento en 1959, indicó Carlos Manuel Marsán Díaz, joven funcionario político adscrito a la embajada de Cuba, con asiento en la República Bolivariana de Venezuela. Más terrible, incluso, que la padecida durante el llamado Período especial, época en la que él nació, como confió a las y los asistentes al foro Solidaridad con Cuba, desarrollado el jueves 19 de febrero en la Casa de Encuentro Bolivariano Freddy Parra, ubicada en Caracas, específicamente en el sector La Cañada, parroquia 23 de Enero.
El evento, caracterizado por un lleno total, fue organizado por el Frente Popular Antiimperialista, estructura que agrupa a bases políticas que -aunque con variantes en enfoques desde la izquierda- están vinculadas por el cordón umbilical de la lucha contra el dominio hegemónico del capital.
Lo último en apagar…
Su intervención (la de Marzán Díaz), inició cuando las agujas del reloj precisaban las 6:15 de la tarde. A lo largo de unos 40 minutos fue elocuente, de pie y siempre custodiado por imágenes de Simón Bolívar, Hugo Chávez y Ernesto «Che» Guevara. Se mintiese si se afirmara que en esa más de media hora, dejó de captar la atención en algún segmento. Menos aún, cuando se refirió al Hospital Juan Manuel Márquez, cada vez más azotado por la carencia de energía eléctrica. Dijo: «Sufre apagones temporales. Allí están nuestros niños con cáncer».

Relató que, hace poco, una de esas fluctuaciones extensas se presentó en el momento más apremiante e inoportuno: «Operaban a un niño y para poder culminar la intervención, los médicos encendieron la luz de sus celulares».
No dejó espacios para dudas. Cuando la convicción y la determinación ante el panorama reinante es el ícono a seguir, sencillamente se hace lo que debe hacerse: «Si hay que apagarlo todo, lo último sería el pediátrico», dejó en claro.
El instante fue propicio para resaltar la línea transversal en la prioridad del Estado: la vida de la población por encima de todo. Así las cosas y no obstante la arremetida foránea, «no hemos paralizado un hospital, tampoco los trasplantes de sangre ni la producción de gluten».
¿Petróleo cubano? sí pero…
Como era de esperarse, la alusión al 29 de enero (cuando el régimen yanqui emanó la Orden Ejecutiva para castigar a quien comercialice con la antilla mayor) brotó de su verbo para explicar el inicio de la más reciente agresión articulada por el monstruo imperial: «El momento es crítico», sentenció.
Tal vez haya sorprendido a algunas y algunos cuando comentó que Cuba produce petróleo. Pero, enfatizó, «…es un petróleo con alto grado de azufre, y nuestras refinerías tienen 30 años de antigüedad; repararlas para que puedan procesar ese petróleo implica un alto costo. Su producción no cubre ni tan siquiera el 50 por ciento de la energía que necesitamos», indicó antes de brindar otro dato ciertamente espeluznante: Debido al bloqueo agudizado a partir de la fecha señalada, apenas está activo el 25% de la capacidad industrial distribuido en el territorio.
Blancos del ataque bestial
Narró que la gangrena estadounidense obligó a adoptar y adaptar medidas urgentes, como mecanismo para esquivar el ataque criminal. Por ello, al universo escolar se le imparte formación al estilo semi presencial. El hogar de cada niña y cada niño se ha convertido en un aula, que funciona teniendo a la señal de internet como asistente inmediato.
Viajar de una provincia a otra, obliga a tomar prioridades en la planificación del desplazamiento entre zona y zona. La fórmula para entender esto es sencilla: al no haber gasolina, el sistema de transporte en ese espectro funciona ¡solo una vez a la semana!
Los horarios de trabajo, sobre todo los que son propios a los organismos centrales, han sufrido evidentes cambios. No puede ser de otra manera: imposible mantener encendidas las lámparas de las oficinas, todo el día todos los días
Bendito sol; sol bendito
Rendición es una palabra execrada del diccionario de la vida de ese hermano pueblo caribeño. Gracias a ello, el combate para lograr la energía negada por la codicia y la malicia del hegemón que reina en Washington, se centra en las bondades del astro mayor.
Revela que es gracias al aprovechamiento de esa fuente natural, como han logrado sortear las nada escondidas zancadillas que pretenden dinamitar el proceso de cambios que acaba de cumplir 67 años.

Narra que la fidelidad de la energía solar se he convertido en el mejor aliado; que potenciar durante el día la carga de paneles solares, permite mantener el accionar de determinadas actividades básicas; que la producción de los mundialmente famosos tabacos es impulsada por este fenómeno, lo cual redunda en la economía; y, entre otras cosas, que los paneles solares están a la vanguardia en la lista de insumos que con mucho gusto recibirían como parte de las donaciones que -pese al sádico, inmoral y asfixiante bloqueo renovado por quien es tildado de pedófilo-, puedan hacer llegar desde la solidaridad vibrante y latente en cualquier latitud.
Tropical al fin, se da un segundo para una broma bien valorada por quienes lo observaban con militante atención: «Ustedes saben que en Cuba hace mucho sol. Para algunos, en tiempos normales, es un maldito sol. Hoy es un bendito sol».
¿Derrotados? ¡Nunca!
El tono de Marsán Díaz no da muestra de quiebre en momento alguno. Durante el acto en el espacio, en cuya planta alta funciona la emisora Al Son del 23 bajo la dirección de Juan Contreras y Lupe Rodríguez, ambos de la Coordinadora Simón Bolívar, lanza con sostenida voz y en medio de nutridos aplausos: «¡No nos sentimos derrotados y estamos dando la batalla!».
Comunica al auditorio -inmovilizado por la fuerza de su convicción-, lo que denomina ideas y soluciones del gobierno que encabeza Miguel Díaz-Canel para enfrentar y vencer el horripilante momento. Una de ellas, de las más fuertes, el escenario internacional, donde la batuta está a cargo del canciller Bruno Rodríguez Parrilla.
Reflexiona, en ese momento, sobre la gran incertidumbre que desde siempre asalta a mujeres y hombres que dibujan planes malévolos desde la guarida del norte: «Estados Unidos no entiende cómo el pueblo cubano sigue de pie». La respuesta, inmediata, también mereció otra salva de palmas: «Es que somos hijos de Bolívar, Chávez, Fidel y Martí».
Visiblemente emocionado asevera que caer, producto de una derrota, no está en los opciones de la cubanía rebelde. «No lo van a lograr. Hay un componente moral, espriritual, revolucionario que permite seguir luchando cuando los objetivos están en peligro. Tenemos la verdad de nuestro lado y eso da fuerza moral», manifestó.
El sangriento y mortal 03 de enero no escapó de sus consideraciones. «Aquí se aplicó la fuerza militar»,refirió en relación al bombardeo que -ordenado por Trump-, causó más de 100 decesos (32 cubanos, entre ellos) y el secuestro del presidente, Nicolás Maduro y la Primera Combatiente, Cilia Flores. «A nosotros nos aplican la fuerza económica», precisó.